jueves, 19 de septiembre de 2013

Etapa 5: Rabanal del Camino-Fonfría. Camino de Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

La etapa reina del camino se presentaba sin avisar, ni pensábamos hacer tantos kilómetros, tanto tiempo, ni estábamos en las mejores condiciones para afrontarla. El día anterior  habíamos tenido Dani y yo problemas estomacales y no habíamos podido reponer las energías perdidas durante la etapa de Astorga. Dani sin poder cenar y yo sin poder tomar alimento desde la comida, mal pintaba la cosa. En el desayuno, Pablo era el único que estaba perfecto, nosotros dos... un vasito de zumo, un par de galletas, y listos. Entrenamiento en pseudo ayunas.

Vamos que nos vamos.


De salida, duras rampas empedradas por las calles de Rabanal del Camino, nos esperaba la Cruz de Ferro para darnos los buenos días. Poco pudimos avanzar, un perro se me "tiraba" a la alforja derecha y me la sacaba de su sitio metiéndola entre los radios. Enseguida salía el dueño a llamar al animalejo, a buenas horas. Recolocar alforjas, atarlas y para arriba por un sendero ascendente sin mucha dificultad, pequeñas rampas y descansillos nos hacía ir tomando altura y poder contemplar el bonito amanecer en la sierra, ya estábamos cansados de ver tanto llano.

Primeros kilómetros de la Cruz de Ferro.


Salimos a la carretera y como conocía ya el tramo de sendero de la última vez que hice el camino, tiramos por ella, con las alforjas es prácticamente imposible subir montado y no estábamos para ponernos a empujar. Empezamos a adelantar a otros bicigrinos, todos había optado también por nuestra opción. A buen ritmo, pero sin exigirnos mucho, Pablo y yo marcando el ritmo, el de la 29 iba a empezar a darnos el camino. Sin muchos apuros llegamos a Foncebadón, parada a sellar y a coronar el puerto. El frescor mañanero ya se nos había pasado, aunque a unos más que a otros, porque a estos dos "calientes" no se les ocurrió otra cosa que liarse a palos en la última rampa de más del 10%. -"La madre que los..."-. Como dos posesos a ver quién llegaba antes a la Cruz, mejor así, que vayan gastando fuerzas que así me dan menos el día después. xD

CRUZ DE FERRO.


La Cruz de Ferro, como es habitual, atestada de peregrinos y otros visitantes, hay que hacer cola para poderse hacer fotos con ella. Ahora tocaba abrigarse, nos esperaban muchos kilómetros de rápida bajada, o eso pensaban. Recordaba que había buenos repechos antes de empezar a bajar a Molinaseca, pero no tenía en mente que fueran tan duros. Llegar al místico albergue de Manjarín todavía nos costaría buenos esfuerzos, ahora ya no les parecía tan buena idea haberse apretado. Hay que guardar. Parada en Manjarín y poco más adelante, comienza la bajada de verdad.

Un lugar emblemático del Camino.


Como siempre en las bajadas, me puse delante a marcar trazada y avisar si venían coches de frente, que estos tampoco están acostumbrados a bajar puertos. Un auténtico espectáculo visual ante nuestros ojos, el Bierzo a nuestros pie, una auténtica maravilla. Costaba mantener la atención en la carretera y no dejarse llevar por el paisaje, aunque con muchos peregrinos de por medio, no estaba la cosa para perder de vista la carretera. No tardamos mucho tiempo en llegar a Molinaseca, ahí nos hubiera gustado llegar el día anterior, poder descansar y refrescarnos en el río. Dos veces intentando acabar una etapa allí y ninguna he podido, a ver la tercera vez.

Los cantos gregorianos no se escuchan en las fotos.


La chaqueta ya empezaba a sobrar e hicimos una pequeña parada para quitárnosla y echarnos crema, -"El día va a ser calentito por lo que parece"-. Ponferrada lo teníamos a pocos kilómetros y su castillo nos esperaba para hacer una visita. Hoy podíamos tomarnos el día más relajado, la etapa no iba a ser muy larga, lo más duro ya lo habíamos pasado, no pasaba nada por perder un poco de tiempo en admirar el castillo. Estuvimos haciéndonos fotos por la entrada, la muralla, viendo Ponferrada desde la almenas y como los chicos no quisieron hacer la visita interior, en marcha de nuevo.

Asaltando el castillo.


Muerto de hambre, buscamos algún sitio donde tomar algo y probar si el estómago nos dejaba asimilar un poco más de alimento. Aún se quejaba un poco, pero el escaso desayuno lo había mantenido allí. Un zumito y unas tostadas con mermelada, para no forzar mucho la situación y a recorrer la comarca del Bierzo. Terreno favorable, ambiente agradable, verde paisaje, así es muy fácil hacer kilómetros. Hasta Villafranca del Bierzo casi ni nos dimos cuenta de la etapa, sería a partir de ahí donde empezaría complicarse la cosa.

Ponferrada.


Al salir de Villafranca en meternos en el "cañón" hacia Vega de Valcarce, el tiempo pareció detenerse, el aire hacerse más denso, la carretera agarrar más, el sol calentar como en los llanos de Cáceres, pero con más humedad de la que estamos acostumbrados. La "meta" la teníamos bastante cerca y ya empezábamos a relajarnos y querer llegar sin pedalear. Como íbamos bien de tiempo, el almuerzo nos había sentado bien y volvía a haber hambre, parábamos en Pereje a comer un poco para los últimos kilómetros, así también nos refugiábamos un rato del sol. Pocas veces habré saboreado un bocadillo como ese, por fin podíamos volver a comer Dani y yo.

Vaya dos caballeros templarios.


De nuevo en marcha, en menos de una hora estábamos ya en Vega de Valcarce, unos minutos más en Ruitelán y otros pocos en Las Herrerías, cualquiera de ellos podría haber sido nuestro destino del día, pero nuestra odisea había comenzado. Todos los albergues estaban completos. Más allá, O'Cebreiro parecía una muralla insalvable. Con muy pocas ganas y fuerzas, no estábamos preparados para ascender este coloso que nos habían plantado delante. Lo habíamos dejado para el día siguiente, cuando estuviéramos frescos y mejor alimentados. -"Pues nada, habrá que subirlo, pero hoy no... dentro de un rato"-. Hicimos nuestra una sombra con dos bancos junto a una fuente y un puente sobre el Rio das Lamas. No eran ni las 14.30, pero cualquiera se ponía a subir ahora O'Cebreiro, mejor un bañito en el río, dónde va a parar.

Reemprendemos la marcha.


Si pensábamos que las aguas de Casas del Monte estaban frías, madre como estaban estas. Dolían las piernas, parecían que nos iban a estallar las venas de los pies, eso sí, tonificaban que daban gusto, crioterapia de recuperación, hubiésemos necesitado un par de horas a remojo para quedar las piernas como nuevas, sólo las sacamos de segunda o tercera mano. Tirados a la sombra, con las piernas en alto, allí nos dieron casi dos horas esperando que pasara un poco las horas de calor y a ver si amainaba un poco el viento que bajaba valle abajo, no iba a ser un impedimento para subir, una vez que nos metimos en la primera rampa seria se acabó el viento.

Campos del Bierzo.


Muchos peregrinos fueron llegando y viendo que no había albergue, todos a pie o a caballo. Más tarde las 4 pasaban tres bicigrinos y fue el empujón que necesitamos para volver a nuestras monturas e iniciar el ascenso. Si en algún momento pudiéramos pensar que los bicigrinos podían ser una amenaza para conseguir albergue, en la primera rampa dura se disiparon las dudas. Pese que habíamos salido unos minutos después de ellos, antes de acabar el primer kilómetro ya los habíamos alcanzado, iban bastante justos y a 4-5km/h tirando para arriba de las alforjas... no quiero ni pensar lo que pasarían para coronar.

Villafranca del Bierzo, comienza la fiesta.


Con Dani tirando,  poco más aguantaríamos los tres juntos. En el segundo kilómetros decidía que ese ritmo no era el mío y dejé que se fueran para adelante poco a poco, lo que no esperaba que estos dos caminaran ya tanto y en cuanto me solté se empezaron a ir de mucho en mucho. -"Esto sí que es largo, ya caeran, espero"-. Llegando al cruce de La Faba, nuevos rampones y ya ni los veía, una curva de herradura, una recta larga durísima y por fin volvía a verlos. Dani, que se había ido por delante ya estaba segundo, Pablo unos metros por delante -"Bueno, aún queda lo pero, ya se han ido todo lo lejos que tenían que irse"-. A mi ritmo, empecé a coger a Dani que iba buscando las sombras, como el resto, entrabas en una sombra y dejabas de pedalear y a hacer algo de equilibrio para refrescar. Llegaba hasta él y venía ya regulando, había comprendido que o bajaba el ritmo o no llegaba arriba. La sensación de desolación, de soledad subiendo el puerto, no se veía a nadie, sin coches, ni ruidos, solo nosotros. -"¿Dónde habrán quedado los otros tres bicigrinos?"-. Por la vereda de la izquierda se veían los peregrino que iban andando antes y que ahora están sentado o casi arrastrándose por el sendero. -"Qué duro es esto"-.

Un descanso en Las Herrerías de Valcarce.


Acercándonos a La Laguna, ya tengo a Pablo muy cerquita, voy apretando para llegar a su altura, ahora ya se le ve un poco más cansado en su pedalear, se ve que no tiene más desarrollo y pedalea con poca cadencia. Me pongo de pie para lanzar la bici en un descansillo y se me queda clavada la rueda trasera. Había sacado la alforja con el talón y se me había metido en los radios, menudo desaguisado otra vez. Menos mal que con las cuerdas lo pude apañar de nuevo. En La Laguna, un pequeño descanso, a la sombra, en un pilón de agua fresca. No queda casi nada para coronar. Un par de kilómetros. Arrancamos y me pongo a tirar despacito, pero pronto pasa Pablo delante, el pequeño parón le ha sentado de miedo porque nos empieza a estirar el cuello de mala manera, Dani no hace ni el amago de seguirnos, ni 500m duraría yo y tenía que volverme. -"Cómo anda la 29"-. Es lo único que le escucho a Dani al fondo. Ese es el peor escenario para ella frente a las 26'', nos estaba espabilando a base de bien.

O'Cebreiro.


Al fin coronamos y en O'Cebreiro no cabe un alma, todas las terrazas a la sombra llenas, nos hacemos unas fotos y decidimos avanzar un poco más a un supuesto pueblo que estaba al final de una pequeña bajada, según nuestro perfil. En realidad, era después de dos repechones. Llegamos al pueblo y todo completo, albergue, hostal,.. todo lo que había, tan sólo una cama grande que podíamos compartir... -"Va a ser que no"-. Un poquito más y otro poquito más, y otro poquito más. -"Pero dónde se acaba de subir"-. Nos metemos en un desvío hacia cuatro casas y no hay albergue allí. El Alto del Poio es lo último que nos queda para bajar, pero con todas las alarmas encendidas se nos hace mortal. Empujando la bici por el sendero, ver como nos adelantan una familia con niños que iban andando, es demasiado para nosotros y nos sentamos a la sombra a 50m de coronar. -"Vaya tela,  si a las 2 ya estábamos en el albergue y son las 6 y estamos aquí."-. Nos aplauden al llegar al Alto del Poio,  hay allí una terraza llena de gente, cómo no habremos ido por la carretera.

Alto de San Roque.


Ahora sí que comienza la bajada, pero muy ligeramente, casi un falso llano, ni 1km y tendríamos todo el puerto para descenderlo, podríamos dormir abajo sin problemas, pero... Fonfría a nuestra mano era una tentación demasiado grande, por mucho que en la bajada no haya que dar ni una pedalada. Preguntamos allí si hay albergue y como había sitio... Fin de la Etapa. 105,6km y 6h14m de pedaleo, hemos subido la Cruz de Ferro y O'Cebreiro en la misma etapa, ole por nosotros. ¿Desde este momento qué harás? Dormir y callar.


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