miércoles, 25 de septiembre de 2013

Etapa 6: Fonfría-Villar de Remonde. Camino Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

Amanecemos en Fonfría, las piernas están fuertemente resentidas del día anterior. Entre la kilómetrada, los puertos, los problemas para encontrar alojamiento y el fuerte calor nos había dejado bastante tocados, tampoco habíamos podido comer lo que hubiésemos deseado. Aunque bueno, todo eso había quedado atrás y el penúltimo día de Camino nos llenaba de ilusión, Santiago cada vez estaba más cerca.

Niebla gallega.


Para el día, en principio se presentaba una etapa sencilla, comenzando con un largo descenso hasta Triacastela y varios repechos hasta llegar a Palas de Rei o Melide, nuestros puntos de destino para esta jornada. El día anterior no pudimos hacer un buen desayuno, pero en esta mañana nos íbamos a desquitar y salíamos del albergue desayunando como reyes. Desde la puerta del albergue, todo descenso, qué fácil hubiese sido hacer estos kilómetros el día anterior, sin embargo no estábamos ni para esto.

Sendero bajando Ocebreiro.


Si la mañana estaba totalmente despejada en lo alto del puerto, nada más comenzar a bajar, con toda Galicia a nuestros pies, una espesa niebla nos cubría cualquier visión del valle, pero sí nos mostraba una bonita estampa de un blanco colchón de nubes de aspectos esponjoso. Desde arriba el aspecto era adorable, ya veríamos si más abajo pensábamos lo mismo.

No recrearse en las vistas es imposible.


Pura diversión el descenso por el camino, rapidísimo, con algunas zonas técnicas y de fuerte desnivel, soltar frenos y bajar rápido. Alguna parada para hacernos fotos, una más y tras una de ellas, coincidimos con una grupeta de bikers gallegos que vienen descendiendo también. Se les veía disfrutando, dejando correr la bici de lo lindo, pero con las alforjas no lograrían soltarnos fácilmente. Después de un tramo con saltos, que mi predecesor no dudaba en aprovechar para despegar ruedas del suelo, evidentemente con las alforjas trataba de ir haciendo vueltos rasantes y no levantar las ruedas, aún así me daba para adelantar en el tramo final. Al parar, llega Dani con una de las alforjas arrastrando, le habían estado avisando los bikers, pero él iba concentrado a lo suyo y... A preparar la alforja y a seguir, esta vez decidimos ya seguir por carretera.

Aún resisten las alforjas.


Los primeros kilómetros del día no nos habían supuesto ningún esfuerzo, pero poco después de Triacastela, ya metido entre la niebla, tendríamos que empezar a apretar las piernas. El primer repechón nos llevaría a Samos, donde el famoso monasterio y monjes. Otro más hasta Sarria, uno más por diversión, otro "de gratis", y otro para llegar a Paradela antes de Portomarín. ¡Galicia es un infierno, dónde está aquí el llano, nada más que hay repechones! Paramos a comer algo en Paradela y nos ponemos en marcha.

Samos.


La bajada hasta el embalse de Portomarín la hacemos rapidísimo, ya podría ser así todo el terreno. Tanto bajar no puede ser bueno, ya nos tocará subir. Pasando el puente sobre el embalse para llegar al "nuevo" Portomarín, un peregrino me llama, mi amigo Ismael que estaba por allí con su chica haciendo el Camino a pie, casualidades de la vida, habían empezado el día anterior y mira por donde, no nos encontramos desde hace meses en Cáceres y nos encontramos en Portomarín. Charlamos un rato y hacia el pueblo, vengan rampones para arriba. Parada en la plaza, un refrigerio en una terraza junto a la iglesia y en marcha hacia la parte más dura de la etapa. -"¿Más dura?"-.

Venga, compañera.


Nada más salir de Portomarín, la carretera se pone hacia arriba y así se mantiene durante unos cuántos kilómetros, la niebla ya se había disipado por completo, el sol apretaba de lo lindo y nos iba a tocar un día más de calor. No quedaba gran cosa hasta Palas del Rei o hasta Melide, pero las piernas ya pesaban de lo lindo y lo kilómetros que antes o en otras etapas pasaban rápido, ahora pasaban a cámara lenta. Habíamos estado hablando de acercarnos lo máximo posible a Santiago, pero a estas alturas ya casi que lo que pensábamos era llegar al albergue.

Hacia allá. Portomarín.


Las pequeñas localidades se sucedían cada pocos kilómetros, con tanta frecuencia como la continuidad de repechos, uno entre pueblo y pueblo. Nada más pasar Ligonde, con un calor asfixiante, nos encontrábamos con un nuevo rampón al frente y una terraza en una pradera verde, llena de gente, con mesas a la sombra de los árboles y...Claro, demasiada tentación como para no hacer una nueva parada. A este paso íbamos a pasar más tiempo parados en esta etapa que rodando, dolor de piernas aumentando por momentos.

Senderos perfectos en Galicia.


Varias subidas y pueblos después, llegábamos a Palas de Rei en una larga y pronunciada bajada, sin embargo, enfrascados en la bajada nos pasamos el albergue y cuando preguntamos por dónde se encontraba, nos dicen que está en la entrada del pueblo, que tenemos que dar la vuelta y subir por donde venimos. -"¿Subir? Noooooo"-. Mejor seguir bajando y ya pararemos en el pueblo siguiente que también hay albergue. Llegamos a Casanova y el albergue está prácticamente desierto, -"pues aquí que nos quedamos"-. Vamos a buscar a la hospitalera, nos dice que sin problemas podemos quedarnos, pero... que pese a tener cocina y todos los equipamientos posibles en el albergue, no hay nada en el pueblo donde comprar, ni panadería, ni tienda, ni nada... -"Buff, pues nada, vamos al siguiente"-. En Villar de Remonde estábamos en la misma situación, pero al menos allí cocinaban los del albergue y tenían menús para los peregrinos, hasta ahí que llegamos.

Venga que llegamos ya.


Los dos días previos igual no pudimos comer por los problemas de estómago, pero en esta ocasión nos íbamos a desquitar. Ya lo habíamos hecho en el desayuno, pero lo de la comida y cena fue para reventar. Repitiendo platos de lentejas, pollo asado, ensalada de arroz, jabalí, arroz con leche,... Había que cargar energía para la última etapa, se notaba que había mucha hambre.

Relaxing futbolín in the albergue.


94,78km en 4h41m de pedaleo, algunas cuantas más en tiempo total porque las paradas fueron múltiples, la fatiga acumulada ya muy grande, suerte que esto se va acabando, -"Que pena"-.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Etapa 5: Rabanal del Camino-Fonfría. Camino de Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

La etapa reina del camino se presentaba sin avisar, ni pensábamos hacer tantos kilómetros, tanto tiempo, ni estábamos en las mejores condiciones para afrontarla. El día anterior  habíamos tenido Dani y yo problemas estomacales y no habíamos podido reponer las energías perdidas durante la etapa de Astorga. Dani sin poder cenar y yo sin poder tomar alimento desde la comida, mal pintaba la cosa. En el desayuno, Pablo era el único que estaba perfecto, nosotros dos... un vasito de zumo, un par de galletas, y listos. Entrenamiento en pseudo ayunas.

Vamos que nos vamos.


De salida, duras rampas empedradas por las calles de Rabanal del Camino, nos esperaba la Cruz de Ferro para darnos los buenos días. Poco pudimos avanzar, un perro se me "tiraba" a la alforja derecha y me la sacaba de su sitio metiéndola entre los radios. Enseguida salía el dueño a llamar al animalejo, a buenas horas. Recolocar alforjas, atarlas y para arriba por un sendero ascendente sin mucha dificultad, pequeñas rampas y descansillos nos hacía ir tomando altura y poder contemplar el bonito amanecer en la sierra, ya estábamos cansados de ver tanto llano.

Primeros kilómetros de la Cruz de Ferro.


Salimos a la carretera y como conocía ya el tramo de sendero de la última vez que hice el camino, tiramos por ella, con las alforjas es prácticamente imposible subir montado y no estábamos para ponernos a empujar. Empezamos a adelantar a otros bicigrinos, todos había optado también por nuestra opción. A buen ritmo, pero sin exigirnos mucho, Pablo y yo marcando el ritmo, el de la 29 iba a empezar a darnos el camino. Sin muchos apuros llegamos a Foncebadón, parada a sellar y a coronar el puerto. El frescor mañanero ya se nos había pasado, aunque a unos más que a otros, porque a estos dos "calientes" no se les ocurrió otra cosa que liarse a palos en la última rampa de más del 10%. -"La madre que los..."-. Como dos posesos a ver quién llegaba antes a la Cruz, mejor así, que vayan gastando fuerzas que así me dan menos el día después. xD

CRUZ DE FERRO.


La Cruz de Ferro, como es habitual, atestada de peregrinos y otros visitantes, hay que hacer cola para poderse hacer fotos con ella. Ahora tocaba abrigarse, nos esperaban muchos kilómetros de rápida bajada, o eso pensaban. Recordaba que había buenos repechos antes de empezar a bajar a Molinaseca, pero no tenía en mente que fueran tan duros. Llegar al místico albergue de Manjarín todavía nos costaría buenos esfuerzos, ahora ya no les parecía tan buena idea haberse apretado. Hay que guardar. Parada en Manjarín y poco más adelante, comienza la bajada de verdad.

Un lugar emblemático del Camino.


Como siempre en las bajadas, me puse delante a marcar trazada y avisar si venían coches de frente, que estos tampoco están acostumbrados a bajar puertos. Un auténtico espectáculo visual ante nuestros ojos, el Bierzo a nuestros pie, una auténtica maravilla. Costaba mantener la atención en la carretera y no dejarse llevar por el paisaje, aunque con muchos peregrinos de por medio, no estaba la cosa para perder de vista la carretera. No tardamos mucho tiempo en llegar a Molinaseca, ahí nos hubiera gustado llegar el día anterior, poder descansar y refrescarnos en el río. Dos veces intentando acabar una etapa allí y ninguna he podido, a ver la tercera vez.

Los cantos gregorianos no se escuchan en las fotos.


La chaqueta ya empezaba a sobrar e hicimos una pequeña parada para quitárnosla y echarnos crema, -"El día va a ser calentito por lo que parece"-. Ponferrada lo teníamos a pocos kilómetros y su castillo nos esperaba para hacer una visita. Hoy podíamos tomarnos el día más relajado, la etapa no iba a ser muy larga, lo más duro ya lo habíamos pasado, no pasaba nada por perder un poco de tiempo en admirar el castillo. Estuvimos haciéndonos fotos por la entrada, la muralla, viendo Ponferrada desde la almenas y como los chicos no quisieron hacer la visita interior, en marcha de nuevo.

Asaltando el castillo.


Muerto de hambre, buscamos algún sitio donde tomar algo y probar si el estómago nos dejaba asimilar un poco más de alimento. Aún se quejaba un poco, pero el escaso desayuno lo había mantenido allí. Un zumito y unas tostadas con mermelada, para no forzar mucho la situación y a recorrer la comarca del Bierzo. Terreno favorable, ambiente agradable, verde paisaje, así es muy fácil hacer kilómetros. Hasta Villafranca del Bierzo casi ni nos dimos cuenta de la etapa, sería a partir de ahí donde empezaría complicarse la cosa.

Ponferrada.


Al salir de Villafranca en meternos en el "cañón" hacia Vega de Valcarce, el tiempo pareció detenerse, el aire hacerse más denso, la carretera agarrar más, el sol calentar como en los llanos de Cáceres, pero con más humedad de la que estamos acostumbrados. La "meta" la teníamos bastante cerca y ya empezábamos a relajarnos y querer llegar sin pedalear. Como íbamos bien de tiempo, el almuerzo nos había sentado bien y volvía a haber hambre, parábamos en Pereje a comer un poco para los últimos kilómetros, así también nos refugiábamos un rato del sol. Pocas veces habré saboreado un bocadillo como ese, por fin podíamos volver a comer Dani y yo.

Vaya dos caballeros templarios.


De nuevo en marcha, en menos de una hora estábamos ya en Vega de Valcarce, unos minutos más en Ruitelán y otros pocos en Las Herrerías, cualquiera de ellos podría haber sido nuestro destino del día, pero nuestra odisea había comenzado. Todos los albergues estaban completos. Más allá, O'Cebreiro parecía una muralla insalvable. Con muy pocas ganas y fuerzas, no estábamos preparados para ascender este coloso que nos habían plantado delante. Lo habíamos dejado para el día siguiente, cuando estuviéramos frescos y mejor alimentados. -"Pues nada, habrá que subirlo, pero hoy no... dentro de un rato"-. Hicimos nuestra una sombra con dos bancos junto a una fuente y un puente sobre el Rio das Lamas. No eran ni las 14.30, pero cualquiera se ponía a subir ahora O'Cebreiro, mejor un bañito en el río, dónde va a parar.

Reemprendemos la marcha.


Si pensábamos que las aguas de Casas del Monte estaban frías, madre como estaban estas. Dolían las piernas, parecían que nos iban a estallar las venas de los pies, eso sí, tonificaban que daban gusto, crioterapia de recuperación, hubiésemos necesitado un par de horas a remojo para quedar las piernas como nuevas, sólo las sacamos de segunda o tercera mano. Tirados a la sombra, con las piernas en alto, allí nos dieron casi dos horas esperando que pasara un poco las horas de calor y a ver si amainaba un poco el viento que bajaba valle abajo, no iba a ser un impedimento para subir, una vez que nos metimos en la primera rampa seria se acabó el viento.

Campos del Bierzo.


Muchos peregrinos fueron llegando y viendo que no había albergue, todos a pie o a caballo. Más tarde las 4 pasaban tres bicigrinos y fue el empujón que necesitamos para volver a nuestras monturas e iniciar el ascenso. Si en algún momento pudiéramos pensar que los bicigrinos podían ser una amenaza para conseguir albergue, en la primera rampa dura se disiparon las dudas. Pese que habíamos salido unos minutos después de ellos, antes de acabar el primer kilómetro ya los habíamos alcanzado, iban bastante justos y a 4-5km/h tirando para arriba de las alforjas... no quiero ni pensar lo que pasarían para coronar.

Villafranca del Bierzo, comienza la fiesta.


Con Dani tirando,  poco más aguantaríamos los tres juntos. En el segundo kilómetros decidía que ese ritmo no era el mío y dejé que se fueran para adelante poco a poco, lo que no esperaba que estos dos caminaran ya tanto y en cuanto me solté se empezaron a ir de mucho en mucho. -"Esto sí que es largo, ya caeran, espero"-. Llegando al cruce de La Faba, nuevos rampones y ya ni los veía, una curva de herradura, una recta larga durísima y por fin volvía a verlos. Dani, que se había ido por delante ya estaba segundo, Pablo unos metros por delante -"Bueno, aún queda lo pero, ya se han ido todo lo lejos que tenían que irse"-. A mi ritmo, empecé a coger a Dani que iba buscando las sombras, como el resto, entrabas en una sombra y dejabas de pedalear y a hacer algo de equilibrio para refrescar. Llegaba hasta él y venía ya regulando, había comprendido que o bajaba el ritmo o no llegaba arriba. La sensación de desolación, de soledad subiendo el puerto, no se veía a nadie, sin coches, ni ruidos, solo nosotros. -"¿Dónde habrán quedado los otros tres bicigrinos?"-. Por la vereda de la izquierda se veían los peregrino que iban andando antes y que ahora están sentado o casi arrastrándose por el sendero. -"Qué duro es esto"-.

Un descanso en Las Herrerías de Valcarce.


Acercándonos a La Laguna, ya tengo a Pablo muy cerquita, voy apretando para llegar a su altura, ahora ya se le ve un poco más cansado en su pedalear, se ve que no tiene más desarrollo y pedalea con poca cadencia. Me pongo de pie para lanzar la bici en un descansillo y se me queda clavada la rueda trasera. Había sacado la alforja con el talón y se me había metido en los radios, menudo desaguisado otra vez. Menos mal que con las cuerdas lo pude apañar de nuevo. En La Laguna, un pequeño descanso, a la sombra, en un pilón de agua fresca. No queda casi nada para coronar. Un par de kilómetros. Arrancamos y me pongo a tirar despacito, pero pronto pasa Pablo delante, el pequeño parón le ha sentado de miedo porque nos empieza a estirar el cuello de mala manera, Dani no hace ni el amago de seguirnos, ni 500m duraría yo y tenía que volverme. -"Cómo anda la 29"-. Es lo único que le escucho a Dani al fondo. Ese es el peor escenario para ella frente a las 26'', nos estaba espabilando a base de bien.

O'Cebreiro.


Al fin coronamos y en O'Cebreiro no cabe un alma, todas las terrazas a la sombra llenas, nos hacemos unas fotos y decidimos avanzar un poco más a un supuesto pueblo que estaba al final de una pequeña bajada, según nuestro perfil. En realidad, era después de dos repechones. Llegamos al pueblo y todo completo, albergue, hostal,.. todo lo que había, tan sólo una cama grande que podíamos compartir... -"Va a ser que no"-. Un poquito más y otro poquito más, y otro poquito más. -"Pero dónde se acaba de subir"-. Nos metemos en un desvío hacia cuatro casas y no hay albergue allí. El Alto del Poio es lo último que nos queda para bajar, pero con todas las alarmas encendidas se nos hace mortal. Empujando la bici por el sendero, ver como nos adelantan una familia con niños que iban andando, es demasiado para nosotros y nos sentamos a la sombra a 50m de coronar. -"Vaya tela,  si a las 2 ya estábamos en el albergue y son las 6 y estamos aquí."-. Nos aplauden al llegar al Alto del Poio,  hay allí una terraza llena de gente, cómo no habremos ido por la carretera.

Alto de San Roque.


Ahora sí que comienza la bajada, pero muy ligeramente, casi un falso llano, ni 1km y tendríamos todo el puerto para descenderlo, podríamos dormir abajo sin problemas, pero... Fonfría a nuestra mano era una tentación demasiado grande, por mucho que en la bajada no haya que dar ni una pedalada. Preguntamos allí si hay albergue y como había sitio... Fin de la Etapa. 105,6km y 6h14m de pedaleo, hemos subido la Cruz de Ferro y O'Cebreiro en la misma etapa, ole por nosotros. ¿Desde este momento qué harás? Dormir y callar.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Etapa 4: Barcial del Barco-Rabanal del Camino. Camino de Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

Iniciábamos la cuarta etapa con el gusanillo en el estómago de finalizar la primera parte de nuestro camino, en esta etapa íbamos a llegar a Astorga poniendo fin a la "Vía de la Plata" para enlazar con el Camino Francés ya con dirección a Santiago de Compostela. Habíamos pasado una tarde/noche muy relajada en Barcial del Barco, sin acompañantes en el albergue y casi en todo el pueblo, pudimos descansar a nuestro gusto.

Salida de la Etapa 4. Barcial del Barco


La mañana apareció con cielos despejados, aunque con el ligero frescor y humedad que dejaron en el ambiente las fuertes tormentas de la tarde anterior. Esto hizo que saliéramos del albergue con los manguitos puestos, si bien no tardaríamos mucho en despojarnos de ellos y pasar otro día más de calor.

Fresco a primera hora de la mañana.


Los primeros kilómetros, con un poquito de barro y siguiendo a las indicaciones que nos habían dado en el Bar Borox, ya que esta zona no está muy bien señalizada. Teníamos que seguir en paralelo, y cruzando alguna que otra vez por debajo, la antigua vía del tren hacia Benavente sobre la que tendríamos que acabar para pasar el puente metálico sobre el río Esla. El puente nos dejaba una bonita perspectiva, entre la vegetación, el agua cristalina, los reflejos y rayos del sol, el brillo de la humedad,... Todo encantador, hasta que mientras rodábamos sobre el puente, la zona con suelo firme se acababa en el centro de la vía y había que pasar a uno de los laterales. Fácil, para hacerlo andando. Entre viga y viga había una separación considerable y entre medias, el vacío, bueno, no tan vacío que el agua se veía correr justo debajo.  Pasar andando era simple, se puede sin problemas por las vigas, pero cuando vas con una bicicleta que pesa 20kg y con unas alforjas que desequilibran... Te lo piensas un momento. Buenas risas nos echamos en el puente.

¡Vamooooosss!


Acabamos pasando y prosiguiendo nuestro camino, pero... En los siguientes humedales, cientos de caracoles poblaban los caminos, esquivarlos era casi un juego en el que alguno con ruedas grandes (sin señalar a nadie) no estaba dispuesto a participar y era un continuo: -¡Crack! ¡crack!-. Animalitos. Menos mal que pronto salíamos de esa zona y llegábamos a Villanueva de Azoague, portal de entrada a Benavente, que cerquita nos quedamos el día anterior.

Pasando el puente.


Siguiendo el camino, entramos en Benavente, preguntamos por donde sigue el camino, pero al avanzar nos encontramos con un movimiento de tierras que ha cortado el paso junto a la Torre del Caracol. Podemos pasar, pero llenándonos de barro hasta arriba por lo que prefiero dar la vuelta e ir por otro lado. Nos adentramos en la ciudad y vamos preguntando por donde seguir, no se como lo hacemos, pero a todos los que preguntamos no tienen ni idea ni por donde podemos seguir el camino ni por donde ir a Astorga, vemos una indicación hacia León y tiramos por ella hasta que podamos encontrar un cruce hacia Astorga, estábamos ya cansados de dar vueltas por Benavente.

Vuelta para atrás. Torre del Caracol


Llanos y más llanos, rectas y más rectas, los kilómetros pasan rapidísimos, pero el paisaje sigue siendo el mismo, una zona horrible hasta llegar al siguiente pueblo y desvío hacia Astorga. Para colmo, pincho justo llegando al cruce. Ya que estamos, aprovecho para cambiar la cubierta que la tenía muy gastada y había echado una para cambiarla en cuanto pinchara, no esperaba que me durara tanto.

Llegada a Astorga.


Puesta la nueva cubierta, hacia La Bañeza y a Astorga. En La Bañeza, ya era buena hora para comer, parábamos en un supermercado y nos metíamos en un parque. Eran poco menos de las 12, pero nos entretuvimos un poco comiendo y tardamos en arrancar, no parecía relevante, pero nos llevaría a llegar un poco más tarde de lo previsto a Astorga.

Camino hacia Astorga, el mismo panorama, rectas largas, pequeñísimos toboganes,... aunque al menos ya se veían las montañas al fondo. A relevos y muy buen ritmo, con la ilusión de acabar esta primera fase del viaje, la capital maragata no tardó en aparacer. Nos felicitamos al llegar y para dentro de la ciudad, Vía de la Plata, COMPLETADA.

Palacio Episcopal


Como en la mayoría de las ciudades o pueblos, si quieres llegar al centro hay que subir, en Astorga no iba a ser menos y un buen rampón nos esperaba. Llegamos a la plaza del ayuntamiento, sellamos la credencial y a ver la Catedral y el Palacio Episcopal comprobando que el Camino Francés es otra historia, en cuatro calles de Astorga vemos más peregrinos que en toda la Vía de la Plata. Callejeamos un poco y llegamos al Palacio justo cuando estaban cerrando, el ratillo que estuvimos tirados en el parque de La Bañeza, el pinchazo, las vueltas en Benavente, la hora y pico que hubiésemos tenido para las visitas. Unas fotos por allí y por allá viendo las edificaciones desde fuera y para adelante a buscar un sitio donde comer. Teníamos pensado comer en la muralla, sin embargo seguimos las indicaciones de una torre y cuando nos damos cuenta nos hemos salido de la ciudad, la torre estaba bastante más a las afueras. Así, en el primer parque que vimos, parada y a comer en unas mesas a la sombra viendo pasar grupos enteros de peregrinos.

Catedral de Astorga.


Después de comer y descansar, volvemos a ponernos en marcha y voy notando que la cosa no va bien. Ya me había notado hinchado después de La Bañeza y había estado comiendo sin ganas, voy sudando como un pollo. Habíamos hablado que si íbamos con tiempo, podríamos subir a la Cruz de Ferro y dormir en Molinaseca o Ponferrada, que eran localidades grandes y con sitios para ver. No eran ni las cuatro de la tarde y ya estábamos a los pies del puerto, sin embargo intento beber y no puedo, ni me pasa de la garganta, tengo la tripa que me revienta y en cuanto bebo tengo que vomitar. Llegamos a Rabanal del Camino y pese a tener toda la tarde, ahí nos quedamos, estoy totalmente fuera de combate. Iría a peor durante la tarde.

Una amiga en Rabanal del Camino.


112,12km y 5h18m. Una etapa sencilla que se complicaba. Por desgracia no sería el único, Dani se ponía por la noche con los mismos síntomas que yo, algo nos habría sentado mal, menudo día nos iba a esperar al día siguiente. Pablo tuvo más suerte y sin problemas, nos daría una buena repasada los siguientes días.