martes, 25 de septiembre de 2012

Épica y Empapada. II Maratón en BTT "La Carroñera".

Arrecia la lluvia sobre mi trono de piedra, el agua se desliza sobre mis plumas, nubes negras a mi alrededor, fuerte viento me refresca. Es temprano en la mañana, la paz me rodea, vigilo mi territorio, soy el rey de la zona, escucho un ruido en la lejanía, algo se aproxima. A lo lejos, por la dehesa, cientos de ciclistas en mi parque se adentran, no saben la que les espera, piedras sueltas, escarpadas cuestas, con mucha lluvia, jornada épica, echo a volar, a dar vueltas. Casi 80km por mis tierras, averías, caídas, cansancio, hoy tendré carne fresca. Sobre mi trono de piedra, la lluvia arrecia, se desliza sobre mis plumas, a mi alrededor nubes negras, me refresca el fuerte viento, salgo a buscar buena presa.

Instantes antes de la salida.

El pasado domingo, en Torrejón el Rubio (Cáceres), localidad de acceso al Parque Nacional de Monfragüe, se disputó la penúltima prueba del Open de Extremadura de Maratón en Btt, 77km recorriendo pistas y senderos rodeados de unos de los mejores entornos posibles para la práctica de este deporte, un terreno de incalculable valor biológico, reserva de la biosfera, en la que el buitre es el principal protagonista y que fue testigo de excepción de una jornada de ciclismo de montaña en estado puro, subidas y bajadas imposibles, suelo muy resbaladizo, descensos de vértigo con bruscas curvas de herradura, largas ascensiones, barro,...muchísma dureza, con una lluvia incesante, la carrera se convirtió en una prueba de supervivencia.

El pelotón arranca bajo unas amenazantes nubes.


A las 9.30 de la mañana, con algo de retraso y con amenaza de lluvia, Torrejón el Rubio despedía a un gran pelotón que lucía ropas limpias y caras sonrientes, concentradas, ilusionadas,... horas después recibía a cuentagotas a un puñado de trapos sucios, rostros desencajados, cuerpos magullados, mentes exhaustas de luchas ante la adversidad, valientes ciclistas, gente curiosa que no se rinde pese a llevar horas calados, golpeados, sin un gramo de fuerza,  pedaleando o empujando sus bicicletas siempre hacia adelante, un gran aplauso.

Al paso sobre el río Tajo, los ciclistas ya estaban calados.

Tras la confusión de salida, en la que el pelotón se barajó, poniendo a los primeros los últimos, a los últimos los primeros, un gran mezcla en el medio, una gran estampida se produjo ya en las calles del pueblo, cientos de adelantamientos, voces, lamentos, fugas, agonía, el corazón a mil al entrar en los caminos, por delante un grupo reducido, por detrás un rosario persiguiendo para arreglar el desaguisado.Varios kilómetros tardaría en normalizarse la situación, a alguno ya no volvería a normalizarse el pulso.

Un paso de vértigo por el descarnado puente.


Un gran grupo en cabeza de alrededor a 30 ciclistas empezaría a perder unidades poco a poco acercándose a la Sierra de las Corchulas, primera gran dificultad, un suelo plagado resbaladizas piedras, un suelo con poco agarre, con su peligrosa y rápida bajada, provocó la selección definitiva. Daniel Muñoz (Km0) abría un pequeño hueco sobre José Arroyo (Gr100), Elías Rodríguez (Antolín), Julio Godoy (Pelín-Avanzamos), Roberto Pérez (Km0), Marcos Yuste (Gr100). Por detrás, ya un reguero de ciclistas en persecución de una cabeza que cada vez se escaparía más.

Uno de los muchos "pateos".


La subida a Villarreal de San Carlos, con sus grandes escalones de pizarra, un largo caminar con la bici al hombro sobre losas resbaladizas, no hizo más que definir aún más lo que ya se habría fraguado en la primera subida del día. Con lluvía, esa subida imposible por si sola, se convirtió en una auténtica pista de patinaje en la que se produjeron múltiples caídas, tanto a la ida en subida, como a la vuelta en bajada, la gran mayoría de ciclistas que iban andando, otros valientes que intentaron hacerla montados también dieron con sus huesos en el suelo, pasto para los buitres.

La lluvia, gran protagonista del día.


Tras el pueblo, un nuevo puerto y largas pistas para adentrarse en el corazón del parque. Inicialmente, con un viento lateral, los ciclistas pudieron rodar a gran velocidad en pequeños grupos, preciosas persecuciones entre unos y otros, los ciclistas en solitario no podían hacer otra cosa que dejarse alcanzar y buscar una segunda oportunidad, algunos que intentaron tirar por su cuenta, caían poco más adelante en el agotamiento, cuando un giro a la izquierda los colocaba ante un batallón de fusilamiento invisible azuzado por Eolo. Nunca llegar a una zona de subidas fue tan agradable para los ciclistas. En las entrañas del Parque, rodeados de un precioso paisaje, subir, bajar, subir, bajar, resguardados del viento, no así de la lluvia, las fuerzas se iban desvaneciendo, la carrera estaba decidida, no así algunos puestos.

Esfuerzo y concentración reflejados en la cara de Tomé (Montehermoso).


De vuelta al pueblo... El resto de la crónica en... AVANZAMOSCICLISMO

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