lunes, 9 de julio de 2012

Tremenda ruta, tremendo día de ciclismo.

Como ya pudisteis ver ayer, el sábado me fui con mis amigos a Hervás para hacer una rutaza por la Sierras de Béjar y alrededores. Leno, Óscar, Richard, Félix, Enrique, Pachío y yo.



 A las 9 de la mañana, después de haberme pasado a recoger a Pachío por el Casar, subir hasta Hervás, saludar a la gente, preparar bicis y a nosotros mismos, dábamos comienzo a la ruta, dirección Baños de Montemayor para dar comienzo al primer puerto del día, La Garganta, 16,4km al 4,3%. En la entrada al pueblo, nos equivocábamos de calle y teníamos que dar alguna vuelta por las empinadas rampas del pueblo, finalmente encontrábamos el desvío y comenzábamos a subir el puerto. Aunque al ver que Enrique no venía, nos tuvimos que parar a esperarlo y llamarlo a voces. Mientras esperábamos, mandábamos por delante a Richard y Pachío para que fueran haciendo camino. Tres o cuatro minutos después, aparecía Enrique e iniciábamos así la ascensión al pueblo de La Garganta.



Desde abajo, Enrique y Félix ponían un ritmo fuerte al que el resto no podíamos hacer otra cosa que aguantar para no soltarnos. Algún relevo esporádico para poner un ritmo más suave por mi parte, pero enseguida volvían los dos a dar ritmo. Poco tardamos en pillar a Richard. De Pachío aún no se sabía nada y estos dos seguían a los suyo hasta que Félix puso su marcha cuartelera y ya nadie más volvió a moverse en el grupo.

En la cresta del Puerto de La Garganta.
Alcanzamos a Pachío justo antes del pueblo y este, para hacer la gracia, pegó un acelerón justo cuando llegábamos a la peor rampa del puerto. Poco le duró la alegría y sólo consiguió que el grupo se enfilara y Félix reforzara su ritmo alto. A la salida ya se había soltado y ya hasta coronar nos quedamos Leno, Óscar, Félix, Enrique y yo. En la cima, unas preciosas vistas, fotos relajadas y a esperar a los otros dos para iniciar la bajada hasta Béjar por Candelario. Una bajada preciosa, junto al embalse, metidos entre la arboleda sombría, curvas cerradas, algún fuerte desnivel, carretera estrecha,... Así hasta Candelario, donde al tomar el cruce hacia Béjar la carretera mejoraba mucho y hacíamos una bajada rapidísima.

Con mi amigo, pupilo y ex-compañero Enrique. ;)
En Béjar comenzábamos el segundo puerto del día, la subida al Puerto de la Hoya, 11,1km al 3,8%, un puerto muy suave, con alguna rampa dura y muchos descansillos. Por buena carretera, este puerto decidimos tomárnoslo con calma y fuimos a un ritmo tranquilo hasta arriba. Al coronar, los cinco de antes, y ver que los otros dos no venían muy lejos, seguimos bajando despacio en vez de parar.

Saliendo de Béjar.
La bajada es muy suave, sin dificultades, con viento a favor, bajamos muy rápido y enseguida estábamos en Becedas, inicio de la subida al tercer puerto del día y el más duro hasta ese momento, el Puerto del Tremedal, 9,5km al 5,8%. Desde abajo, quise poner un ritmo fuerte para ver si calmaba los ánimos de la gente y me dejaban llevar el peso del puerto, mi apuesta no duró mucho y tras poco más de 1km, Félix pasaba a la cabeza y comenzaba con su tortura. Poco a poco nos iba asfixiando y Óscar era el primero, de los cinco que quedábamos, en ceder. Unos kilómetros después lo hacía Enrique y yo me agarraba como podía a ese ritmo tan intenso. Leno le aguantaba con mayor solvencia.

Momento de reflexión con Gredos al fondo.
A falta de unos 3km, unas curvas de herraduras nos mostraban una parte de lo que quedaba del puerto, una recta larguísima con, a priori, bastante dureza. Mentalmente me vino un poco a bajo y viendo que me llevaban un punto por encima de mis posibilidades, levanté el pie y dejé que se fueran rápido. Vi que venía cerca Enrique, que se había recuperado, y levante un poco más para esperarlo y ponerme a su rueda, me tomé un gel, bebí. Sin embargo, él no venía con buenas intenciones y me arrancó muy fuerte sin que pudiera seguirle la rueda. Aunque se me fue fácil, el ver que se acercaba mucho a los dos primeros y con muchas posibilidades de cogerlos, me animó. Cogí de nuevo mi ritmo y empecé a tirar fuerte, el parón me había venido bien y pronto vi que yo también empezaba a recortarles. Enrique ya los había cogido y se lanzaba por delante. Entrábamos ya en una gran curva a derechas y no podía verlos, intuía que no andarían lejos, pero no tenía referencias. De pronto, la curva se abría y aparecía la recta final del puerto, Enrique estaba muy cerca, Leno y Félix estaban coronando el puerto. Apreté un poquito más y entraba a unos 15-20 segundos de Enrique y este a otros 20-30 segundos.

En el Puerto del Tremedal.
La cima tiene unas vistas preciosas a la Sierra de Gredos y a todos los llanos de Salamanca, unos fotillos por allí y por allá mientras esperábamos a los otros tres. A poco más de 5 minutos llegaba Óscar que había sufrido en la subida, a siete y medio Pachío y unos minutillos después lo hacía Richard en su estreno de verdad con la bici de carretera.

Pachío, todo un campeón, coronando Tremedal.
Bajada muy bonita y técnica hacia Tremedal, parada a coger agua y para abajo por una bajada más cerrada, entre árboles, curvas de herradura con mucho desnivel, paso por pueblos, con suelo muy rugoso. Al paso por un pueblo, tomábamos un cruce que no era y alargábamos la ruta 6-7km más, terroríficos kilómetros de más. Un llano ascendente hacia Puerto de Castilla, donde daba comienzo la pequeña subida, por esta vertiente, a Tornavacas, 4.5km al 3.8% con un último kilómetro donde se concentra la poca dureza del puerto.

Puerto de Tornavacas. ¿Se tornarían por el viento? ¡jeje!
En el terreno llano y en el puerto, el viento de cara era terrible, venía todo el valle arriba con mucha intensidad y con alguna ráfaga más fuerte. Empezábamos a pasar a relevos Félix y yo, pero pronto digimos que era mejor ir pasando los más fuerte a relevos cortos y que los otros dos vinieran a rueda. Así, fuimos pasando todos lentamente hasta Puerto Castilla, la subida se hacía un poco más dura, y más aún con el vientazo. Yo me encontraba con muy buenas piernas y aunque la gente no parecía que tenía muchas ganas de jugar a ciclistas, aceleré el ritmo lo suficiente para provocar al personal pero tampoco tan fuerte como para que se les quitara las ganas de salir a por mi. En un primer momento vi que no salían a por mi, hacía mucho viento y cortaba el punto, por lo que me quedé a unos 50m para animar al personal y cuando vi que empezaban a saltar del grupo, apreté para tirar fuerte hasta arriba. En la cima, a unos cuarenta segundos llegaba Enrique, seguido a algo menos de minuto y medio por Óscar y Pachío y a poco más de 2 minutos por los otros tres que no habían querido jugar.

Félix, Leno y Richard. Se hizo largo este tramo.
Bajada tranquila hasta Jerte, aunque con algún susto por el núcleo de la rueda trasera de Félix que parecía que la estaban despellejando y parada en un súper, la gente andaba bastante tiesa y no nos quedaba comida para afrontar la parte final de la ruta. Entramos, unos plátanos, unos dulces de manzana, y los más osados (o  temerarios), unas perrunillas con azucar.

Tras el descanso, último kilómetro de bajada, cruce a derecha, y a subir el Puerto de Honduras, tremendo Honduras, 16.9% al 5.17%, con un calor insoportable, con todo lo acumulado. Desde abajo, de nuevo, puse mi ritmo y para arriba. Algunos llamaban a la tranquilidad, pero preferí seguir despacio pero sin pausa y ver que pasaba. Muy pronto llegaban a mi altura Enrique y Félix y para arriba los tres ya a ritmo fuerte.

Altimetrías.com
Enrique era el primero en intentar la fuga, abría unos pequeños metros de ventaja, pero primero yo, y luego Félix, se lo recortamos en menos de un kilómetro y otra vez juntos. Empezamos unos kilómetros en los que Enrique y Félix llevaron el peso, tirando muy fuerte. No iba mal, pero tampoco me llevaban sobrado, lo justo para ir con ellos pero sin poder pasar a tirar, un puntito más y me soltaba. Sigo sufriendo en esas subidas si voy a ritmo, prefiero los cambios y paradas.

Enrique se habría a falta de 12km y parecía que iba a ceder, pero se mantenía a mi rueda, Félix tiraba con un ritmo asfixiante, pero tras un pequeño bajón de la pendiente, a 9km para coronar, Enrique arrancaba y abría un hueco de 20-30m, me quedé a ver si Félix podía cogerlo, pero nada, Enrique apretaba un poco más y abría más hueco. Pasé un momento a tirar, pero entrábamos en una zona de terreno muy suelto y no Félix enseguida me volvía a pasar y me abría un pequeño hueco que poco a poco se fue aumentando. Era un momento para tener mucho sacrificio y motivación, creer que podría aguantar ahí y a sufrir.

A la sombra de dos buenos galgos. Enrique y Félix me llevaban con el gancho.
Enrique le sacaba alrededor de 30 segundos a Félix, él a mi, 22, 18, 24, 21, 26. Las referencias que iba tomando iban en aumento, lo mantenía ahí, pero a tirones, le iba recortando y me ampliaba cuando respiraba. Enrique se me perdía de la vista, pero lo veía en las zonas de curvas, me sacaba toda una curva entera, alrededor del minuto. Fueron pasando los kilómetros y las distancias que habían llegado a superar el medio minuto con Félix, empezaban a decrecer. Mi forma de subir, a tirones, me daban para ir gastando y recuperando, mientras que Félix se iba ahogando en su ritmo. Lo tenía a 15, 20, 12, 10, 14, 8 segundos, y ya estaba en mi mano. Enrique aparecía de repente por delante de nosotros, había un rato que no lo veía, andaría alrededor del medio minuto. En un último esfuerzo enganchaba con Félix para acto seguido ofrecerle mi rueda. Como no podía mantener ese ritmo fuerte, volví a pegar arreones, él sufría y se soltaba, pero volvía a entrar justo cuando volvía a apretar y así hasta llegar hasta Enrique cuando alcanzábamos unas antenas que pensaba daban final al puerto. Una nueva recta más a derecha, y Félix arrancaba fuerte, me iba con él y Enrique vi como Enrique ya no salía a por nosotros. Un último esfuerzo y coronábamos.

Enrique corona Honduras.
Al coronar, momento de relax y... Félix que sigue apretando hacia abajo, me quedo extrañado que apriete bajando, ya que siempre hemos parado arriba de los puertos, y me doy cuenta que falta algo más de un kilómetro para coronar. Una zona de descenso hasta la subida final. Con muy pocas ganas, plato metido y a tirar fuerte para abajo, perseguir a Félix e intentar recortarle era una utopía, cada vez se me iba más lejos, lejísimo. Enrique no venía detrás y pensé en levantar y esperarlo, pero al empezar la subida final, vi que Félix iba al fondo muy atrancado, bajé el plato y a subir a tope otra vez. Vi que le recortaba muy rápido y pensé que igual lo podría alcanzar, pero las piernas ya no tenían tantas fuerzas y a media subida, ya tuve que bajar el ritmo, iba bastante tieso y tiré con lo que pude hasta arriba para coronar a 22 segundos de Félix. Enrique, a coronaba a poco menos de un minuto.

Una larga espera en la cima de cuarto de hora, y como no aparecía nadie, estábamos al sol, decidimos ir bajando tranquilos. El asfalto estaba en mal estado, así no se podía correr mucho. Un tramo arreglado en el que nos animamos un poco más y de repente, se me va la rueda delantera y casi me caigo, me había metido en un hoyo grande que no se veía con las sombras de los árboles, menudo susto. Poco metros más abajo, Enrique estaba parado que había reventado la rueda trasera en el mismo hoyo. Subíamos para intentar avisar a Félix del agujero, pero... allá que se metió también. A arreglar el pinchazo.

Primeros kilómetros de bajada. Félix al fondo.
Mientras arreglaban el pinchazo, me subí un poco más arriba a ver si venía el resto y avisarles. 8 minutos después, aparecía Pachío tirando a tope para abajo, nos contaba el suplicio de la subida y que el resto se habían parado en un pilón y que tiráramos para abajo. Así lo hacíamos y lentamente bajábamos hasta Hervás. Una pequeña parada en el inicio de la ruta Heidi para enseñárselo a Félix y hacerle una fotillo y ahora sí, bajada despacito hasta Hervás donde una cervecita nos esperaba mientras llegaban o no el resto.

Jose Félix acabando la bajada.
Una gran ruta, preciosa, una mejor compañía, mucha diversión y satisfacción personal, especialmente la de Pachío, que vieniendo de su lesión, ya anda superando colosos y haciéndose estas pedazos de rutas como el que más.

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