miércoles, 20 de julio de 2011

Ruta de la Plata. Etapa 2: Puebla de Sancho Pérez-Mérida

Seguimos con la historia por donde la dejé el domingo pasado... en Puebla de Sancho Pérez, dentro de nuestros sacos de dormir, en las inmediaciones de la Ermita de Belén. La etapa, a priori, era la más sencilla de toda la ruta, por lo que todo el mundo estaba relajado y sin saber la que les esperaba en el camino.

Puebla de Sancho Pérez-Mérida
A las 7 de la mañana se tocaba diana y el campamento empezaba a moverse, había sido una noche un tanto larga para la mayoria. Pese a caer dormidos muy pronto, la llegada de José, Alberto y Carlos, que habían llevado a éste último al hospital de Zafra para que le miraran el dedo de la caída, nos despertó y tardamos en volver a dormir. Dormir en el suelo, con los ruidos de la naturaleza, cansados,... por primera vez, siempre cuesta un poco y todo el mundo se levantó sin haber recuperado bien. Además, la gente no tenía muchas ganas de iniciar la ruta y entre unas cosas y otras se nos fue bastante la hora de salida, partiendo de Puebla más allá de las 9.30 de la mañana, pero no pasaba nada, la etapa era muy sencilla, casi todo bajada. Los guías del día, Uvaldo, Raúl y Carlos habían preparado muy bien la ruta, pero el desconocimiento del terreno, las localidades de paso, el viento,... les jugaron una mala pasada.


Inicio de la Ruta.

Eran muy pocos los kilómetros hasta Zafra, la mayoría por pista, pero no llevábamos más de 2km y ya tuvimos un pinchazo, nuevo parón, arreglo, nueva puesta en marcha y... entrada en Zafra sin darnos cuenta, pasando junto al Circuito del Campeonato de Extremadura de XC, me hubiera salido mejor quedarme allí el domingo, jeje! Entramos en Zafra y comienzan los problemas, los guías no conocen la localidad y les cuesta encontrar la dirección a seguir, más tiempo perdido. Encontramos la dirección y al llegar a la Oficina de Turismo para sellar, está cerrada, por lo que seguimos dando una vuelta por Zafra y decidimos volver a la Oficina más tarde. Entre unas cosas y otras, hasta más a allá de las 11 no salimos de la localidad.

Al salir, subida fuerte hasta el pinar donde se disputa el Open de Los Santos de Maimona, donde ya corrimos también este año. Entramos en Los Santos por la Vía de la Plata, pero la visita que los guías tienen planteada está en la otra punta, seguimos acumulando retraso, el calor es cada vez mayor y el viento... cada vez más fuerte.


La casa de Don Franciso. El Gaudí Extremeño.

La visita... lo mejor del día. La casa de Don Francisco, el Gaudí Extremeño, aunque él se enfade un poco diciendo que no se ha inspirado en nadie y que es todo proveniente de su imaginación. Francisco y su mujer llevan más de 20 años construyéndose una casa que es toda una obra de arte que le aporta a Los Santos de Maimona, un lugar diferenciador que visitar en la Vía de la Plata con respecto al resto de poblaciones del camino. Por desgracia, la falta de ayudas, tanto en inversiones, como en promoción, por parte de las administraciones de la localidad, impiden que todavía no esté finalizada y que los turistas puedan visitarla, pese a que Francisco está encantado de mostrársela a los visitantes si antes conciertan con él una cita. Todo un acierto por parte de nuestros compañeros.


Cortesía de Pachío

Tras salir de Los Santos, todo favorable hasta Mérida, aunque antes teníamos paradas en Villafranca de los Barros y Torremejía, donde se haría la parada larga para comer y darnos un bañito. Algo que al final descartaríamos la mayoria.


Los Perroflautas en... "La recta interminable".

Retomábamos el camino, buena pista, llano en ligera bajada, tan solo pequeñas ondulaciones, grandes rectas,... a penas unos 30km para llegar. Todo a favor para llegar sin problemas a los puntos previstos dentro de los horarios sin grandes esfuerzos y pese a los retrasos, sin embargo... no todo estaba a favor. El viento soplaba en contra que daba gusto y para hacerlo con mayor dificultad, entrando un poco de costado por la izquierda.

Nada más salir a campo abierto aparecieron los problemas: la falta de práctica de algunos para rodar en grupo, esconderse del viento, economizar fuerzas, avisar cuando se necesita que el grupo afloje,... y la de otros por mantener un ritmo constante, proteger a los demás, las prisas por acabar con esa zona,...; provocaron una y otra vez cortes en el grupo en el que los más débiles iban sufriendo todo el rato para enganchar y los de delante iban frustrados de tanto esperar al resto. Entre medias, Pachío, Javi y yo intentado enganchar una y otra vez a la gente que se soltaba, comiéndonos el viento todo el rato, rodando a ritmo muy bajo, sin llegar a sudar, con el consiguiente recalentón por el sol.

Una y otra vez bajé a darles la rueda a mis compañeros, una y otra vez enganchamos con el grupo, pero pocos metros eran los que aguantaban en el grupo, entre los acelerones del grupo y la falta de experiencia, era imposible mantener la unidad, pese haberlo conseguido otros días, eso sí, con viento más sencillo. Ese vientazo lateral era mucho más complicado para los que no están acostumbrados.


Estamos llegando. Foto by Pachío

El nerviosismo comenzaba a aparecer, las malas maneras por parte de uno y de otros, la cosa se ponía bastante tensa y aún quedaba mucho para llegar a algún pueblo. De repente... la gran recta, más de 12km entre viñedos, sin sombra alguna, sin protección del viento,... Un terreno interminable que puso a prueba a todos, grupo, guías, individuos, paciencia,... Finalmente conseguimos llegar a Torremejía a las 3 de la tarde, abrasados por el sol, casi nadie quiso ni entrar en la piscina, solo queríamos descansar en la sombra, beber, comer, estar tranquilos, reflexionando sobre lo que habíamos pasado en esas más de 2horas de tostada al sol y arrasados por el viento.

Por la tarde, 15km más, podían ser una tortura, visto lo del sector de la mañana, sin embargo... un terreno un poco más resguardado, un viento mucho más suave, las fuerzas recuperadas,... fue un auténtico paseo y a las 7 de la tarde entrábamos en Mérida por el Puente Romano, el albergue del peregrino nos esperaba, con su ducha, sus camas,... la ciudad de Mérida a nuestro lado para poder desconectar, un paraiso tras el infierno.


Al fin en Mérida.

Después de guardar las bicis, las cosas, ducharnos, cambiarnos,... Un paseo por Mérida, viendo el Templo de Diana, la Plaza de Mérida, las inmediaciones del Museo Romano, unas claras con limón en varios locales y los bocatas de "El Rincón del Castúo", sitio donde acabamos de cenar y donde repusimos fuerzas y olvidamos todo lo que habíamos pasado en el día y desconectar para futuras etapas. Lo peor había pasado.

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