miércoles, 2 de octubre de 2013

Etapa 7: Villar de Remonde-Santiago de Compostela. Camino de Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

El inicio de la última etapa nos pillaba en Villar de Remonde, en la mitad del monte, alejados de cualquier ruido relacionado con la humanidad, pura tranquilidad en este último amanecer en ruta. Ligera bruma y algo de fresco nos iban a acompañar en los primeros kilómetros de la etapa.

Iniciamos la última etapa.


Arrancamos en bajada hasta volver de nuevo al Camino y primer repecho del día, iba a ser así durante todo el día, coronar repecho, pequeña bajada, repecho para arriba, descenso rápido,... Un continuo no parar de toboganes sucediéndose que no te permitían coger ritmo y nos recordaba en cada momento el dolor de piernas que te deja llevar cerca de 700km encima.

Sombras entre las sombras.


El primer objetivo del día es llegar a Melide, no son muchos kilómetros y casi sin levantar la mañana ya estamos allí, parada a sellar dentro de la iglesia y a seguir sumando, bueno, ahora ya más bien vamos restando terreno. Junto al entusiasmo de tener Santiago tan cerca, se junta una rara sensación, la experiencia se va acabando y siempre queda algo de tristeza, esos momentos quedarán en nuestros recuerdos, podremos volver a hacer otras rutas, otras aventuras, pero las sensaciones de este primer gran viaje juntos, difícilmente volverán a ser las mismas.

Rampones por doquier.


Los camino gallegos son una auténtica gozada para hacer ciclismo de montaña, siempre entre arboleda, con buen firme, sin miles de piedras sueltas como los de aquí. Lástima que las fuerzas ya nos acompañaran poco y tan sólo en las bajadas y en los tramos menos duros podíamos disfrutar dando rienda suelta a nuestras fantasías bikers dejando correr la bici y tirando fuerte. En una de las bajadas, en una zona umbría, bajando bastante rápido, me encontré con una inmensa rodera que atravesaba de lado a lado el caminito, no es que tuviera muchos problemas para saltarla pese a las alforjas, pero los dos que traía bastante cerca detrás me preocupaban un poco más. Con el tiempo justo para girarme, ya veía a Pablo frenando y pasando por encima de la rodera mientras Dani totalmente cruzado venía derrapando justo por detrás de él... Hay momentos en los que parece que se detiene el tiempo, centímetros faltaron para que Dani se llevara puesto a Pablo, o que Dani se fuera al suelo al entrar totalmente de lado en la rodera, pero inexplicablemente, salía por el otro lado sin caerse. Ya que no habíamos tenido caídas ni problemas en todo el viaje, no ibamos a tenerlos el último día.

¿No es un lujo rodar por ahí?


Casi cuando ya habíamos decidido que íbamos a bajar más despacio, una vaca se iba a encargar de hacerlo. Bloqueando el camino a varios peregrinos que la iban "empujando" hacia adelante, no nos dejaba mucho hueco para pasar, cuando intentabas adelantarla salía a correr o se cruzaba, así que de pastoreo un rato hasta poder adelantarla y continuar.

Cuando empezaba a apretar el sol, a unos 20km de Santiago, última parada para tomar algo. No queda nada, un par de subidas duras y Monte do Gozo. -¡Vamos, vamos, que está hecho!-. No sabemos qué es lo que comió Pablo, pero desde aquí a Santiago nos metió una repasada que nos hizo recordar O'Cebreiro. Daba miedo cada vez que pasaba a cabeza, acabamos por empezar a cerrarle el paso para que no tirara, o si lo hacía, bajo amenaza de meterle la bomba en los radios. xD

Monte do Gozo


Hasta el mismo Monte do Gozo nos puso bien las pilas, mira que teníamos el monumento a la vista y no quedaba nada, pero nos estiró el cuello de lo lindo, eso sí, ahí ya no cedía nadie. Santiago a nuestros pies, OBJETIVO CONSEGUIDO, al fondo la Catedral, ya sólo era bajar y llegar hasta la Plaza del Obradoiro. No sin antes tirarnos a la sombra a recuperar el aliento y hacernos unas fotos, unas llamadas, felicitaciones,... No todos los días se consiguen retos así, menos si se tienen 15 y 16 años. Muchos recuerdos para quien dobla edad y experiencias, muchos recuerdos de hacía 9 años cuando llegué allí con mi amigo José Gayo.

¿Cómo describir lo que te pasa por la cabeza en esos momentos?


Si llegar a Monte do Gozo es una "gozada", entrar en la plaza y sentarte bajo la entra de la catedral es indescriptible. -¡Estamos aquí, que grandes, chicos!-. La última etapa han sido 68'04km y 3h39m para hacer un total de 766'97km en 38h30m, un poquito más sin contamos las vueltas que nos iban a quedar todavía hasta encontrar albergue, recoger "Compostela",... Más de 770km redondeando un poco, no está mal para una semana.

Hasta la próxima.


Aquí acaba el viaje, faltan muchas anécdotas, muchas historias, vivencias,... El fantástico día que pasamos en Santiago de Compostela, paseando por sus calles y callejones, disfrutando de su ambiente, sus artistas urbanos, sus dulces,... Pero todo eso se queda en nuestras memorias. Nos esperaba aún un largo viaje de vuelta.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Etapa 6: Fonfría-Villar de Remonde. Camino Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

Amanecemos en Fonfría, las piernas están fuertemente resentidas del día anterior. Entre la kilómetrada, los puertos, los problemas para encontrar alojamiento y el fuerte calor nos había dejado bastante tocados, tampoco habíamos podido comer lo que hubiésemos deseado. Aunque bueno, todo eso había quedado atrás y el penúltimo día de Camino nos llenaba de ilusión, Santiago cada vez estaba más cerca.

Niebla gallega.


Para el día, en principio se presentaba una etapa sencilla, comenzando con un largo descenso hasta Triacastela y varios repechos hasta llegar a Palas de Rei o Melide, nuestros puntos de destino para esta jornada. El día anterior no pudimos hacer un buen desayuno, pero en esta mañana nos íbamos a desquitar y salíamos del albergue desayunando como reyes. Desde la puerta del albergue, todo descenso, qué fácil hubiese sido hacer estos kilómetros el día anterior, sin embargo no estábamos ni para esto.

Sendero bajando Ocebreiro.


Si la mañana estaba totalmente despejada en lo alto del puerto, nada más comenzar a bajar, con toda Galicia a nuestros pies, una espesa niebla nos cubría cualquier visión del valle, pero sí nos mostraba una bonita estampa de un blanco colchón de nubes de aspectos esponjoso. Desde arriba el aspecto era adorable, ya veríamos si más abajo pensábamos lo mismo.

No recrearse en las vistas es imposible.


Pura diversión el descenso por el camino, rapidísimo, con algunas zonas técnicas y de fuerte desnivel, soltar frenos y bajar rápido. Alguna parada para hacernos fotos, una más y tras una de ellas, coincidimos con una grupeta de bikers gallegos que vienen descendiendo también. Se les veía disfrutando, dejando correr la bici de lo lindo, pero con las alforjas no lograrían soltarnos fácilmente. Después de un tramo con saltos, que mi predecesor no dudaba en aprovechar para despegar ruedas del suelo, evidentemente con las alforjas trataba de ir haciendo vueltos rasantes y no levantar las ruedas, aún así me daba para adelantar en el tramo final. Al parar, llega Dani con una de las alforjas arrastrando, le habían estado avisando los bikers, pero él iba concentrado a lo suyo y... A preparar la alforja y a seguir, esta vez decidimos ya seguir por carretera.

Aún resisten las alforjas.


Los primeros kilómetros del día no nos habían supuesto ningún esfuerzo, pero poco después de Triacastela, ya metido entre la niebla, tendríamos que empezar a apretar las piernas. El primer repechón nos llevaría a Samos, donde el famoso monasterio y monjes. Otro más hasta Sarria, uno más por diversión, otro "de gratis", y otro para llegar a Paradela antes de Portomarín. ¡Galicia es un infierno, dónde está aquí el llano, nada más que hay repechones! Paramos a comer algo en Paradela y nos ponemos en marcha.

Samos.


La bajada hasta el embalse de Portomarín la hacemos rapidísimo, ya podría ser así todo el terreno. Tanto bajar no puede ser bueno, ya nos tocará subir. Pasando el puente sobre el embalse para llegar al "nuevo" Portomarín, un peregrino me llama, mi amigo Ismael que estaba por allí con su chica haciendo el Camino a pie, casualidades de la vida, habían empezado el día anterior y mira por donde, no nos encontramos desde hace meses en Cáceres y nos encontramos en Portomarín. Charlamos un rato y hacia el pueblo, vengan rampones para arriba. Parada en la plaza, un refrigerio en una terraza junto a la iglesia y en marcha hacia la parte más dura de la etapa. -"¿Más dura?"-.

Venga, compañera.


Nada más salir de Portomarín, la carretera se pone hacia arriba y así se mantiene durante unos cuántos kilómetros, la niebla ya se había disipado por completo, el sol apretaba de lo lindo y nos iba a tocar un día más de calor. No quedaba gran cosa hasta Palas del Rei o hasta Melide, pero las piernas ya pesaban de lo lindo y lo kilómetros que antes o en otras etapas pasaban rápido, ahora pasaban a cámara lenta. Habíamos estado hablando de acercarnos lo máximo posible a Santiago, pero a estas alturas ya casi que lo que pensábamos era llegar al albergue.

Hacia allá. Portomarín.


Las pequeñas localidades se sucedían cada pocos kilómetros, con tanta frecuencia como la continuidad de repechos, uno entre pueblo y pueblo. Nada más pasar Ligonde, con un calor asfixiante, nos encontrábamos con un nuevo rampón al frente y una terraza en una pradera verde, llena de gente, con mesas a la sombra de los árboles y...Claro, demasiada tentación como para no hacer una nueva parada. A este paso íbamos a pasar más tiempo parados en esta etapa que rodando, dolor de piernas aumentando por momentos.

Senderos perfectos en Galicia.


Varias subidas y pueblos después, llegábamos a Palas de Rei en una larga y pronunciada bajada, sin embargo, enfrascados en la bajada nos pasamos el albergue y cuando preguntamos por dónde se encontraba, nos dicen que está en la entrada del pueblo, que tenemos que dar la vuelta y subir por donde venimos. -"¿Subir? Noooooo"-. Mejor seguir bajando y ya pararemos en el pueblo siguiente que también hay albergue. Llegamos a Casanova y el albergue está prácticamente desierto, -"pues aquí que nos quedamos"-. Vamos a buscar a la hospitalera, nos dice que sin problemas podemos quedarnos, pero... que pese a tener cocina y todos los equipamientos posibles en el albergue, no hay nada en el pueblo donde comprar, ni panadería, ni tienda, ni nada... -"Buff, pues nada, vamos al siguiente"-. En Villar de Remonde estábamos en la misma situación, pero al menos allí cocinaban los del albergue y tenían menús para los peregrinos, hasta ahí que llegamos.

Venga que llegamos ya.


Los dos días previos igual no pudimos comer por los problemas de estómago, pero en esta ocasión nos íbamos a desquitar. Ya lo habíamos hecho en el desayuno, pero lo de la comida y cena fue para reventar. Repitiendo platos de lentejas, pollo asado, ensalada de arroz, jabalí, arroz con leche,... Había que cargar energía para la última etapa, se notaba que había mucha hambre.

Relaxing futbolín in the albergue.


94,78km en 4h41m de pedaleo, algunas cuantas más en tiempo total porque las paradas fueron múltiples, la fatiga acumulada ya muy grande, suerte que esto se va acabando, -"Que pena"-.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Etapa 5: Rabanal del Camino-Fonfría. Camino de Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

La etapa reina del camino se presentaba sin avisar, ni pensábamos hacer tantos kilómetros, tanto tiempo, ni estábamos en las mejores condiciones para afrontarla. El día anterior  habíamos tenido Dani y yo problemas estomacales y no habíamos podido reponer las energías perdidas durante la etapa de Astorga. Dani sin poder cenar y yo sin poder tomar alimento desde la comida, mal pintaba la cosa. En el desayuno, Pablo era el único que estaba perfecto, nosotros dos... un vasito de zumo, un par de galletas, y listos. Entrenamiento en pseudo ayunas.

Vamos que nos vamos.


De salida, duras rampas empedradas por las calles de Rabanal del Camino, nos esperaba la Cruz de Ferro para darnos los buenos días. Poco pudimos avanzar, un perro se me "tiraba" a la alforja derecha y me la sacaba de su sitio metiéndola entre los radios. Enseguida salía el dueño a llamar al animalejo, a buenas horas. Recolocar alforjas, atarlas y para arriba por un sendero ascendente sin mucha dificultad, pequeñas rampas y descansillos nos hacía ir tomando altura y poder contemplar el bonito amanecer en la sierra, ya estábamos cansados de ver tanto llano.

Primeros kilómetros de la Cruz de Ferro.


Salimos a la carretera y como conocía ya el tramo de sendero de la última vez que hice el camino, tiramos por ella, con las alforjas es prácticamente imposible subir montado y no estábamos para ponernos a empujar. Empezamos a adelantar a otros bicigrinos, todos había optado también por nuestra opción. A buen ritmo, pero sin exigirnos mucho, Pablo y yo marcando el ritmo, el de la 29 iba a empezar a darnos el camino. Sin muchos apuros llegamos a Foncebadón, parada a sellar y a coronar el puerto. El frescor mañanero ya se nos había pasado, aunque a unos más que a otros, porque a estos dos "calientes" no se les ocurrió otra cosa que liarse a palos en la última rampa de más del 10%. -"La madre que los..."-. Como dos posesos a ver quién llegaba antes a la Cruz, mejor así, que vayan gastando fuerzas que así me dan menos el día después. xD

CRUZ DE FERRO.


La Cruz de Ferro, como es habitual, atestada de peregrinos y otros visitantes, hay que hacer cola para poderse hacer fotos con ella. Ahora tocaba abrigarse, nos esperaban muchos kilómetros de rápida bajada, o eso pensaban. Recordaba que había buenos repechos antes de empezar a bajar a Molinaseca, pero no tenía en mente que fueran tan duros. Llegar al místico albergue de Manjarín todavía nos costaría buenos esfuerzos, ahora ya no les parecía tan buena idea haberse apretado. Hay que guardar. Parada en Manjarín y poco más adelante, comienza la bajada de verdad.

Un lugar emblemático del Camino.


Como siempre en las bajadas, me puse delante a marcar trazada y avisar si venían coches de frente, que estos tampoco están acostumbrados a bajar puertos. Un auténtico espectáculo visual ante nuestros ojos, el Bierzo a nuestros pie, una auténtica maravilla. Costaba mantener la atención en la carretera y no dejarse llevar por el paisaje, aunque con muchos peregrinos de por medio, no estaba la cosa para perder de vista la carretera. No tardamos mucho tiempo en llegar a Molinaseca, ahí nos hubiera gustado llegar el día anterior, poder descansar y refrescarnos en el río. Dos veces intentando acabar una etapa allí y ninguna he podido, a ver la tercera vez.

Los cantos gregorianos no se escuchan en las fotos.


La chaqueta ya empezaba a sobrar e hicimos una pequeña parada para quitárnosla y echarnos crema, -"El día va a ser calentito por lo que parece"-. Ponferrada lo teníamos a pocos kilómetros y su castillo nos esperaba para hacer una visita. Hoy podíamos tomarnos el día más relajado, la etapa no iba a ser muy larga, lo más duro ya lo habíamos pasado, no pasaba nada por perder un poco de tiempo en admirar el castillo. Estuvimos haciéndonos fotos por la entrada, la muralla, viendo Ponferrada desde la almenas y como los chicos no quisieron hacer la visita interior, en marcha de nuevo.

Asaltando el castillo.


Muerto de hambre, buscamos algún sitio donde tomar algo y probar si el estómago nos dejaba asimilar un poco más de alimento. Aún se quejaba un poco, pero el escaso desayuno lo había mantenido allí. Un zumito y unas tostadas con mermelada, para no forzar mucho la situación y a recorrer la comarca del Bierzo. Terreno favorable, ambiente agradable, verde paisaje, así es muy fácil hacer kilómetros. Hasta Villafranca del Bierzo casi ni nos dimos cuenta de la etapa, sería a partir de ahí donde empezaría complicarse la cosa.

Ponferrada.


Al salir de Villafranca en meternos en el "cañón" hacia Vega de Valcarce, el tiempo pareció detenerse, el aire hacerse más denso, la carretera agarrar más, el sol calentar como en los llanos de Cáceres, pero con más humedad de la que estamos acostumbrados. La "meta" la teníamos bastante cerca y ya empezábamos a relajarnos y querer llegar sin pedalear. Como íbamos bien de tiempo, el almuerzo nos había sentado bien y volvía a haber hambre, parábamos en Pereje a comer un poco para los últimos kilómetros, así también nos refugiábamos un rato del sol. Pocas veces habré saboreado un bocadillo como ese, por fin podíamos volver a comer Dani y yo.

Vaya dos caballeros templarios.


De nuevo en marcha, en menos de una hora estábamos ya en Vega de Valcarce, unos minutos más en Ruitelán y otros pocos en Las Herrerías, cualquiera de ellos podría haber sido nuestro destino del día, pero nuestra odisea había comenzado. Todos los albergues estaban completos. Más allá, O'Cebreiro parecía una muralla insalvable. Con muy pocas ganas y fuerzas, no estábamos preparados para ascender este coloso que nos habían plantado delante. Lo habíamos dejado para el día siguiente, cuando estuviéramos frescos y mejor alimentados. -"Pues nada, habrá que subirlo, pero hoy no... dentro de un rato"-. Hicimos nuestra una sombra con dos bancos junto a una fuente y un puente sobre el Rio das Lamas. No eran ni las 14.30, pero cualquiera se ponía a subir ahora O'Cebreiro, mejor un bañito en el río, dónde va a parar.

Reemprendemos la marcha.


Si pensábamos que las aguas de Casas del Monte estaban frías, madre como estaban estas. Dolían las piernas, parecían que nos iban a estallar las venas de los pies, eso sí, tonificaban que daban gusto, crioterapia de recuperación, hubiésemos necesitado un par de horas a remojo para quedar las piernas como nuevas, sólo las sacamos de segunda o tercera mano. Tirados a la sombra, con las piernas en alto, allí nos dieron casi dos horas esperando que pasara un poco las horas de calor y a ver si amainaba un poco el viento que bajaba valle abajo, no iba a ser un impedimento para subir, una vez que nos metimos en la primera rampa seria se acabó el viento.

Campos del Bierzo.


Muchos peregrinos fueron llegando y viendo que no había albergue, todos a pie o a caballo. Más tarde las 4 pasaban tres bicigrinos y fue el empujón que necesitamos para volver a nuestras monturas e iniciar el ascenso. Si en algún momento pudiéramos pensar que los bicigrinos podían ser una amenaza para conseguir albergue, en la primera rampa dura se disiparon las dudas. Pese que habíamos salido unos minutos después de ellos, antes de acabar el primer kilómetro ya los habíamos alcanzado, iban bastante justos y a 4-5km/h tirando para arriba de las alforjas... no quiero ni pensar lo que pasarían para coronar.

Villafranca del Bierzo, comienza la fiesta.


Con Dani tirando,  poco más aguantaríamos los tres juntos. En el segundo kilómetros decidía que ese ritmo no era el mío y dejé que se fueran para adelante poco a poco, lo que no esperaba que estos dos caminaran ya tanto y en cuanto me solté se empezaron a ir de mucho en mucho. -"Esto sí que es largo, ya caeran, espero"-. Llegando al cruce de La Faba, nuevos rampones y ya ni los veía, una curva de herradura, una recta larga durísima y por fin volvía a verlos. Dani, que se había ido por delante ya estaba segundo, Pablo unos metros por delante -"Bueno, aún queda lo pero, ya se han ido todo lo lejos que tenían que irse"-. A mi ritmo, empecé a coger a Dani que iba buscando las sombras, como el resto, entrabas en una sombra y dejabas de pedalear y a hacer algo de equilibrio para refrescar. Llegaba hasta él y venía ya regulando, había comprendido que o bajaba el ritmo o no llegaba arriba. La sensación de desolación, de soledad subiendo el puerto, no se veía a nadie, sin coches, ni ruidos, solo nosotros. -"¿Dónde habrán quedado los otros tres bicigrinos?"-. Por la vereda de la izquierda se veían los peregrino que iban andando antes y que ahora están sentado o casi arrastrándose por el sendero. -"Qué duro es esto"-.

Un descanso en Las Herrerías de Valcarce.


Acercándonos a La Laguna, ya tengo a Pablo muy cerquita, voy apretando para llegar a su altura, ahora ya se le ve un poco más cansado en su pedalear, se ve que no tiene más desarrollo y pedalea con poca cadencia. Me pongo de pie para lanzar la bici en un descansillo y se me queda clavada la rueda trasera. Había sacado la alforja con el talón y se me había metido en los radios, menudo desaguisado otra vez. Menos mal que con las cuerdas lo pude apañar de nuevo. En La Laguna, un pequeño descanso, a la sombra, en un pilón de agua fresca. No queda casi nada para coronar. Un par de kilómetros. Arrancamos y me pongo a tirar despacito, pero pronto pasa Pablo delante, el pequeño parón le ha sentado de miedo porque nos empieza a estirar el cuello de mala manera, Dani no hace ni el amago de seguirnos, ni 500m duraría yo y tenía que volverme. -"Cómo anda la 29"-. Es lo único que le escucho a Dani al fondo. Ese es el peor escenario para ella frente a las 26'', nos estaba espabilando a base de bien.

O'Cebreiro.


Al fin coronamos y en O'Cebreiro no cabe un alma, todas las terrazas a la sombra llenas, nos hacemos unas fotos y decidimos avanzar un poco más a un supuesto pueblo que estaba al final de una pequeña bajada, según nuestro perfil. En realidad, era después de dos repechones. Llegamos al pueblo y todo completo, albergue, hostal,.. todo lo que había, tan sólo una cama grande que podíamos compartir... -"Va a ser que no"-. Un poquito más y otro poquito más, y otro poquito más. -"Pero dónde se acaba de subir"-. Nos metemos en un desvío hacia cuatro casas y no hay albergue allí. El Alto del Poio es lo último que nos queda para bajar, pero con todas las alarmas encendidas se nos hace mortal. Empujando la bici por el sendero, ver como nos adelantan una familia con niños que iban andando, es demasiado para nosotros y nos sentamos a la sombra a 50m de coronar. -"Vaya tela,  si a las 2 ya estábamos en el albergue y son las 6 y estamos aquí."-. Nos aplauden al llegar al Alto del Poio,  hay allí una terraza llena de gente, cómo no habremos ido por la carretera.

Alto de San Roque.


Ahora sí que comienza la bajada, pero muy ligeramente, casi un falso llano, ni 1km y tendríamos todo el puerto para descenderlo, podríamos dormir abajo sin problemas, pero... Fonfría a nuestra mano era una tentación demasiado grande, por mucho que en la bajada no haya que dar ni una pedalada. Preguntamos allí si hay albergue y como había sitio... Fin de la Etapa. 105,6km y 6h14m de pedaleo, hemos subido la Cruz de Ferro y O'Cebreiro en la misma etapa, ole por nosotros. ¿Desde este momento qué harás? Dormir y callar.


viernes, 6 de septiembre de 2013

Etapa 4: Barcial del Barco-Rabanal del Camino. Camino de Santiago: Vía de la Plata-Camino Francés

Iniciábamos la cuarta etapa con el gusanillo en el estómago de finalizar la primera parte de nuestro camino, en esta etapa íbamos a llegar a Astorga poniendo fin a la "Vía de la Plata" para enlazar con el Camino Francés ya con dirección a Santiago de Compostela. Habíamos pasado una tarde/noche muy relajada en Barcial del Barco, sin acompañantes en el albergue y casi en todo el pueblo, pudimos descansar a nuestro gusto.

Salida de la Etapa 4. Barcial del Barco


La mañana apareció con cielos despejados, aunque con el ligero frescor y humedad que dejaron en el ambiente las fuertes tormentas de la tarde anterior. Esto hizo que saliéramos del albergue con los manguitos puestos, si bien no tardaríamos mucho en despojarnos de ellos y pasar otro día más de calor.

Fresco a primera hora de la mañana.


Los primeros kilómetros, con un poquito de barro y siguiendo a las indicaciones que nos habían dado en el Bar Borox, ya que esta zona no está muy bien señalizada. Teníamos que seguir en paralelo, y cruzando alguna que otra vez por debajo, la antigua vía del tren hacia Benavente sobre la que tendríamos que acabar para pasar el puente metálico sobre el río Esla. El puente nos dejaba una bonita perspectiva, entre la vegetación, el agua cristalina, los reflejos y rayos del sol, el brillo de la humedad,... Todo encantador, hasta que mientras rodábamos sobre el puente, la zona con suelo firme se acababa en el centro de la vía y había que pasar a uno de los laterales. Fácil, para hacerlo andando. Entre viga y viga había una separación considerable y entre medias, el vacío, bueno, no tan vacío que el agua se veía correr justo debajo.  Pasar andando era simple, se puede sin problemas por las vigas, pero cuando vas con una bicicleta que pesa 20kg y con unas alforjas que desequilibran... Te lo piensas un momento. Buenas risas nos echamos en el puente.

¡Vamooooosss!


Acabamos pasando y prosiguiendo nuestro camino, pero... En los siguientes humedales, cientos de caracoles poblaban los caminos, esquivarlos era casi un juego en el que alguno con ruedas grandes (sin señalar a nadie) no estaba dispuesto a participar y era un continuo: -¡Crack! ¡crack!-. Animalitos. Menos mal que pronto salíamos de esa zona y llegábamos a Villanueva de Azoague, portal de entrada a Benavente, que cerquita nos quedamos el día anterior.

Pasando el puente.


Siguiendo el camino, entramos en Benavente, preguntamos por donde sigue el camino, pero al avanzar nos encontramos con un movimiento de tierras que ha cortado el paso junto a la Torre del Caracol. Podemos pasar, pero llenándonos de barro hasta arriba por lo que prefiero dar la vuelta e ir por otro lado. Nos adentramos en la ciudad y vamos preguntando por donde seguir, no se como lo hacemos, pero a todos los que preguntamos no tienen ni idea ni por donde podemos seguir el camino ni por donde ir a Astorga, vemos una indicación hacia León y tiramos por ella hasta que podamos encontrar un cruce hacia Astorga, estábamos ya cansados de dar vueltas por Benavente.

Vuelta para atrás. Torre del Caracol


Llanos y más llanos, rectas y más rectas, los kilómetros pasan rapidísimos, pero el paisaje sigue siendo el mismo, una zona horrible hasta llegar al siguiente pueblo y desvío hacia Astorga. Para colmo, pincho justo llegando al cruce. Ya que estamos, aprovecho para cambiar la cubierta que la tenía muy gastada y había echado una para cambiarla en cuanto pinchara, no esperaba que me durara tanto.

Llegada a Astorga.


Puesta la nueva cubierta, hacia La Bañeza y a Astorga. En La Bañeza, ya era buena hora para comer, parábamos en un supermercado y nos metíamos en un parque. Eran poco menos de las 12, pero nos entretuvimos un poco comiendo y tardamos en arrancar, no parecía relevante, pero nos llevaría a llegar un poco más tarde de lo previsto a Astorga.

Camino hacia Astorga, el mismo panorama, rectas largas, pequeñísimos toboganes,... aunque al menos ya se veían las montañas al fondo. A relevos y muy buen ritmo, con la ilusión de acabar esta primera fase del viaje, la capital maragata no tardó en aparacer. Nos felicitamos al llegar y para dentro de la ciudad, Vía de la Plata, COMPLETADA.

Palacio Episcopal


Como en la mayoría de las ciudades o pueblos, si quieres llegar al centro hay que subir, en Astorga no iba a ser menos y un buen rampón nos esperaba. Llegamos a la plaza del ayuntamiento, sellamos la credencial y a ver la Catedral y el Palacio Episcopal comprobando que el Camino Francés es otra historia, en cuatro calles de Astorga vemos más peregrinos que en toda la Vía de la Plata. Callejeamos un poco y llegamos al Palacio justo cuando estaban cerrando, el ratillo que estuvimos tirados en el parque de La Bañeza, el pinchazo, las vueltas en Benavente, la hora y pico que hubiésemos tenido para las visitas. Unas fotos por allí y por allá viendo las edificaciones desde fuera y para adelante a buscar un sitio donde comer. Teníamos pensado comer en la muralla, sin embargo seguimos las indicaciones de una torre y cuando nos damos cuenta nos hemos salido de la ciudad, la torre estaba bastante más a las afueras. Así, en el primer parque que vimos, parada y a comer en unas mesas a la sombra viendo pasar grupos enteros de peregrinos.

Catedral de Astorga.


Después de comer y descansar, volvemos a ponernos en marcha y voy notando que la cosa no va bien. Ya me había notado hinchado después de La Bañeza y había estado comiendo sin ganas, voy sudando como un pollo. Habíamos hablado que si íbamos con tiempo, podríamos subir a la Cruz de Ferro y dormir en Molinaseca o Ponferrada, que eran localidades grandes y con sitios para ver. No eran ni las cuatro de la tarde y ya estábamos a los pies del puerto, sin embargo intento beber y no puedo, ni me pasa de la garganta, tengo la tripa que me revienta y en cuanto bebo tengo que vomitar. Llegamos a Rabanal del Camino y pese a tener toda la tarde, ahí nos quedamos, estoy totalmente fuera de combate. Iría a peor durante la tarde.

Una amiga en Rabanal del Camino.


112,12km y 5h18m. Una etapa sencilla que se complicaba. Por desgracia no sería el único, Dani se ponía por la noche con los mismos síntomas que yo, algo nos habría sentado mal, menudo día nos iba a esperar al día siguiente. Pablo tuvo más suerte y sin problemas, nos daría una buena repasada los siguientes días.

viernes, 30 de agosto de 2013

Etapa 3: Salamanca-Barcial del Barco. Camino de Santiago: Vía de la Plata - Camino Francés

Pese al calor que habíamos pasado en las dos jornadas anteriores, Salamanca nos daba los buenos días con frío y un cielo encapotado. Ya habíamos notado algo por la noche, la manta que teníamos en los pies de la cama ya no sólo servía para mantener las piernas en alto, si no que alguno se la echaba por encima.

Saliendo del albergue "La Calera". Salamanca


Aunque nos levantábamos un poquito antes que el día anterior, entre desayunar y prepararnos... algunos parecían que estaban montando una carroza de carnaval en vez las alforjas en la bicicleta... finalmente acabamos saliendo con un poco de retraso. Daban agua en Granja de Moreruela, donde teníamos pensado finalizar la etapa, poco después de las dos de la tarde, y convendría estar por allí antes que empezara a llover.

Pistas y caminos aburridos por Salamanca.


Como el albergue está en la entrada sur de Salamanca, para proseguir con nuestro camino, debíamos atravesar toda la ciudad. A esas horas ya había bastante tráfico, pero no tuvimos muchos problemas para encontrar nuestro destino y pronto estábamos ya en la senda buena. Los primeros kilómetros son coincidentes con la carretera N630.



Nada más salir de la ciudad, a lo lejos, dos bicigrinos -Ehhhh, quietos ahí, que no tenemos prisa-. Había que atarlos de cerca que se lanzan rápido. Tampoco iban muy rápido los otros dos y pronto llegábamos a su altura, eran los dos vascos del día anterior. Los saludamos, hablamos un ratillo, pero nos encontramos con un repecho largo y al llegar arriba se había quedado.

Un saludo pasando "El Cubo del Vino".


Coronamos y a seguir para adelante. Otra vez da viento de cara bastante fuerte y me pongo a tirar delante, 15km seguidos hasta que ya les digo que empecemos a pasar a relevos y vamos pasando a cada kilómetro. El camino va paralelo a la carretera y a veces se mete en la carretera y se vuelve a salir, por lo que seguimos por carretera hasta poco antes de "El Cubo del Vino", pueblo donde el camino ya se separa de la carretera.
Agua de las lluvias del día anterior.



Después de una pequeña parada en el pueblo, iniciábamos la marcha por pistas buenas sin mucha historia. De vez en cuando, algún maizal o algún campo de girasoles rompían la monotonía del paisaje, poca cosa que reseñar hasta casi llegar Zamora. La etapa estaba siendo muy aburrida, terreno feo, caminos sin dificultad, pocos pueblos,... A falta de 5km de Zamora salíamos a una carretera y decidíamos entrar por ella a la ciudad.



Nada más tomar la carretera, nos adelantaban dos ciclistas que venían rapidito repecho arriba, para entretenernos, pegábamos un acelerón y nos metíamos a rueda, aunque enseguida paraban a esperar a otra compañero que venía más atrás. Pequeño calentón, pero ahora a rueda. Uno de ellos era un corredor del Caja Rural y nos pusimos a hablar con él hasta Zamora. Que bonitas son las Vivelo del Caja Rural, el chico, muy majo, nos estuvo contando qué tal le había ido en las últimas carreras, qué es lo que nos quedaba por delante,...
Un cruce que nos entretenga.


En Zamora, nos separábamos, mientras ellos seguían por una circunvalación, nosotros nos metíamos en la ciudad donde pararíamos a comer. Eran poco más de las 12 de la mañana y nos quedaban unos 40km a Granja de Moreruela, nuestro destino estaba muy cerquita.
Al menos un campo de girasoles le da color al camino.

Nos habían dicho que los kilómetros que nos quedaban no eran muy complicados y que nos daría el viento lateral por la izquierda, aunque iríamos girando y nos daría un poco a favor. Nos relajábamos un rato largo en un parque mientras comíamos y en marcha para tratar de llegar temprano al albergue que pese al calor, seguían dando lluvia para las tres de la tarde.

La salida de Zamora es un rampón de cuidado, recién comidos, con las piernas frías,... no se lo recomiendo a nadie, nos cuesta entrar en calor, el viento entra muy fuerte por la izquierda, pero más de cara de favorable, van a ser duros estos kilómetros. Después de unos cuántos kilómetros, por fin empezamos a girar a la derecha y el viento pasaba a entrar más lateral, unas veces favorable y otras un poco en contra. El  camino se pone en paralelo a la carretera, por lo que seguimos por la carretera hasta Montamarta donde nos encontramos con la pareja de bicigrinos que nos encontramos en Villar de Plasencia.

Como hay mucho viento, les ofrecemos que vayamos juntos, que se metan a rueda. Pasamos a cada kilómetros, primero se quedan sin entrar, pero pronto empieza a pasar uno de ellos y lo hace pasando muy fuerte en una zona de viento a favor, aprovechamos y tiramos muy rápido empujados por el viento, sin embargo, entramos en una zona de largos repechos y su compañero se descuelga en cada uno de ellos. Al final seguimos nuestro camino sin ellos que el cielo empieza a ponerse negro más adelante.

Un par de repechos largos más y llegamos a un pueblo, vamos ya hartos de bici, de etapa, de viento. Ha sido una etapa muy aburrida, pensamos que es Granja de Moreruela, pero es Riego del Camino, aún nos queda otro poco hasta Granja. Cuando ya estábamos soltando piernas, relajándonos pensando que habíamos llegado... otra vez a pedalear fuerte. El viento había cambiado totalmente, ahora daba de cara frontal, fortísimo, el cielo muy negro por delante, se veía caer agua, a ver si nos dejaba llegar al albergue. Un esfuerzo más y, ahora sí, entrábamos en Granja de Moreruela, las 14.30, buena hora para comer y descansar toda la tarde. Buscamos el albergue, pero... sorpresa. Si los dos anteriores estaban vacíos, este estaba COMPLETO. En Granja de Moreruela empieza mucha gente el Camino Sanabrés y...

Buff, que pocas ganas de seguir. Son 10-12km, según nos comenta el del albergue, los que nos quedan hasta Barcial del Barco, tenemos que tirar muy fuerte porque las nubes nos acechan. Arrancamos y me pongo a tirar con lo que tengo, con cuidado que no se suelten, aunque con el vientazo de cara podía aguantar bien. No llevaríamos 3-4km desde Granja cuando empezaban a caer las primeras gotas, un nuevo giro de rosca y a tirar más fuerte, y más fuerte según apretaba el agua. Estábamos coronando un repecho y no había ni un sitio para resguardarse y teníamos el nubarrón encima. Ya tirábamos a tope, no dábamos a más, el viento de cara era brutal y el chaparrón otro tanto, nos estaba calando hasta los huesos, coronamos y a mil por hora. Ya casi abajo, se empezaban a ver al fondo unos edificios y Dani pasaba al relevo con todo, casi nos saca de rueda, tenemos que esforzarnos para enganchar y seguimos tirando fuerte hasta casi llegar al pueblo, que....DEJA DE LLOVER. A buenas horas. Estamos en Santovenia de Esla, aquí no hay albergue. Los chicos quieren que paremos, -¿Para qué? Si ya ha parado. Vamos para adelante, no vaya a ser que caiga otra-.

Llanos extensos.
Calados, seguimos para adelante y nos encontramos con un repecho corto y duro, vamos fundidos y nos cuesta subirlo. Vuelven a parecer nubes, hay que volver a apretar que chispea un poco. Nuevamente a tirar y dejamos atrás el agua, otro pueblo delante, debe ser ese. Levantamos el pie, sin embargo es Villaveza del Agua, -¡Bien traído el nombre, que cachondos!-. Salimos del pueblo, no puede quedar nada para Barcial, a ver si aparece ya, miramos los perfiles y están pegados. Una curva más y por fin aparece, que alivio. Aún así, aún nos queda un repechón para poder entrar en el pueblo, aunque ya despacito y relajados.

Barcial del Barco.


Buscamos el albergue y está muy bien, además estamos solos y así seguiremos durante todo el día. Hemos llegado poco antes de las 16 horas, nos queda casi todo el día para descansar, visitar el pueblo, comprar,... Bueno, comprar no, no hay nada en el pueblo, ni tienda, ni panadería,.. y casi nada para visitar. Lo más que se puede destacar, una torre hexagonal muy bonita que tenemos justo enfrente del albergue, creo que no nos vamos a cansar mucho con la visita. Tenemos Benavente cerca, una localidad grande, con sitios que ver, con todos los servicios, pero... calados, cansados, aquí que nos quedamos.

¿Andando? Algún día.


Cerramos la tercera etapa con 129'38km y 6h29m, más de lo esperado, pero aún enteros. Lo peor, no tener mucho que hacer en lo que queda de día hasta la hora de la cena, con muy buen trato en el Bar Borox, muy recomendable para los peregrinos. Albergue Las Eras.

lunes, 26 de agosto de 2013

Etapa 2: Casas del Monte - Salamanca. Camino de Santiago: Vía de la Plata + Camino Francés

Pronto amanece en Casas del Monte, una tranquilidad absoluta. Hemos pasado la noche con el sonido del agua bajo nuestra ventana. Anoche hemos coincidido con los chicos y monitores de la Federación Extremeña que se encontraban en Casas del Monte con su campamento de verano. También habíamos tenido la visita de los padres de Pablo que le repusieron la alforja rota, aunque con el último apaño ya había quedado bien fijada.

Amanece en Casas del Monte


Al asomarnos a la ventana, aparece a nuestros pies unas preciosas vistas del Valle del Ambroz y las montañas de Traslasierra. A pesar del entorno, las piernas se muestran perezosas. La kilometrada de ayer ha tenido mucho que ver, pero pensar en lo que se avecina en los primeros kilómetros, también pesa en el ánimo.

Listos para empezar.


Después de desayunar y prepararnos, salimos a la calle e iniciamos la marcha. Un corto descenso hasta las calles de Casas del Monte, giro a derecha y a subir a Segura de Toro. Teníamos la opción de bajar a la N630 desandando lo andando el día anterior y continuar por la nacional hasta Aldeanueva, más sencillo, más largo y más feo, mejor por la ladera. Nada más salir de Casas del Monte, la carretera comienza a empinarse, por un momento se nos había olvidado lo que pesaban las alforjas. Hasta Segura de Toro tenemos unos 3 kilómetros de subida por carretera estrecha, entre una bonita arboleda, con todo el valle a nuestra izquierda. Es poco terreno de subida, pero a los chicos les cuesta arrancar. Por suerte, pronto llegamos al pueblo e iniciamos un rápido descenso hasta Aldeanueva del Camino donde retomamos la Vía de la Plata.

Aldeanueva del Camino.


Pequeña parada en Aldeanueva, cogemos dirección Baños de Montemayor y... sorpresa, fuerte viento de cara que viene descendiendo montaña abajo, que gracia. El tramo hasta Baños, en ligera subida se hace eterno, me pongo a tirar de los chicos para que no gasten muchas fuerzas en este tramo, aunque sin pedírselo, Pablo comienza a pasar y después se anima Dani, da relevos cortos, que el viento es muy fuerte, pero se agradecen los pequeños respiros. Finalmente, llegamos a Baños y más protegidos por la montaña, el viento deja de molestarnos. El paso por el pueblo, por dentro de sus calles es durísimo, rampones de doble dígito hasta que por fin podemos salir de la población. Tenemos la opción de subir por la calzada o por carretera, ya había subido otra vez por la calzada y, aunque más corto, no se hacía muy cómodo que digamos con las alforjas, nos metemos por carretera. Iniciamos la subida a ritmo tranquilo, pero a Dani le chispa un cable y sale como un rayo para adelante. -Pero dónde va este, con lo que queda-. Pablo y yo seguimos a nuestro ritmo y nos quedamos a 40-50m de él y así hasta coronar, -ya lo pagará, este peaje se paga-.

Puerto de Béjar.


Nada más coronar, tomamos el camino y empieza un terreno más duro del esperado. Un falso llano, una bajada larga, otro falso llano, una subida dura, otro falso llano, ligera bajada, ligera subida. Unos caminos muy bonitos, pero que con la tontería se iban agarrando bastante. Pasamos un par de pueblos, donde paramos a sellar y paramos a media mañana en Valverde de Valdelacasa. La idea era parar en Valdelacasa, que estaba justo arriba de una subida, pero estamos sin agua y ya es buena hora para comer algo, mejor cargar las pilas antes de subir. Preguntamos a la gente de la calle por alguna tienda, panadería, albergue, ayuntamiento,... -No hay nada- es la respuesta, aunque nos indican que al final de la calle hay un bar, bueno, pues al bar. Entramos en el bar y pedimos algo para comer, nos sacan unos bocadillos enormes y nos descuentan 50c por bocata por ser peregrinos, ¡mira que bien! Los bocadillos, buenísimos, más aún cuando se lleva hambre. Tanto tiempo por ahí, a las barritas se les acaba cogiendo manía. Nos entrenemos mucho en la terraza, "jugando" con dos cachorros y cuando queremos arrancar...-¿Hacía este calor antes?-. Empezamos la subida a Valdelacasa y Pablo se pone a marcar el ritmo, no se si soy yo, pero está subiendo fuerte. Y tan fuerte, Dani se está soltando, le digo que levante un poco el pie para esperarlo, entra, pero se vuelve a soltar y ya seguimos a ritmo hasta el pueblo donde le esperamos y seguimos juntos.

Reponiendo fuerzas.


Desde Valdelacasa a Fuenterroble, pocos kilómetros, un poco rompepiernas, pero se nos hacen eternos. El calor, el cansancio de los dos días, la apatía al rodar por una zona ya mucho más fea, nos cuesta mentalmente hacer kilómetros pese a la buena marcha. Poco antes de la 1 del mediodía llegamos a Fuenterroble y paramos de nuevo para comprar, ya que aquí sí hay una tienda. Compramos y nos sentamos a comer y beber en la sombra. Tenían una especie de "torta" con azúcar que tenía una pinta buenísima, con lo cual... Había que probarla. En efecto, muy buena, aunque un poquito seca sin tener dónde untar. Preguntamos lo que queda para Salamanca y nos dicen que poco más de 40 kilómetros (sin aplicar el coeficiente del Camino de Santiago, eran más de 50km), que tenemos que subir el Pico Dueña y luego ya todo favorable hasta Salamanca, aunque el Pico era duro con bicicleta de montaña y alforjas, que nos tendríamos que bajar. -No será para tanto-.

Por falta de comida que no sea.


Los siguientes kilómetros son muy llevaderos, un camino descendente con multitud de cruces a los lados, parece un vía crucis light. Podemos rodar rápido y avanzar bastante, pero no hay ni una triste sombra, el sol se deja caer y el viento sopla de cara, para variar en el día. Me pongo a tirar por las pistas durante 10-12km, como no pasan a relevo ni se les ve intenciones siquiera de rodar en paralelo, supongo que vienen un poco tocados y paro en la primera sombra que veo para que descansen un poco. Me dicen que no van mal, lo que pasa que el viento en el morro tira para atrás. Hay ganas de llegar a Salamanca, teníamos previsto llegar a las 14.30 o así y ya son cerca de las 14. Empezamos a subir por una dehesa bastante despoblada, una bajada muy rota y... El Pico Dueña. Me paro en cruce justo antes de empezarlo, el camino marcaba por allí, pero estaba cortado, otras flechas indicaban para arriba, tiene que ser parra arriba porque la subida la tenemos que hacer. Espero a estos, que se habían bajado más despacio y a subir.

Algún paso de agua quedaba en Castilla.


Realmente, sí era duro, con mucha piedra suelta, escalones de piedra y raíces, pero se puede subir en bici. Lo se, porque Pablo lo subió entero. A mi me tocó poner pie en los primeros metros y luego ya sólo tuve que seguirlo, menuda marcha me puso con la 29'' por el sendero roto, casi me suelta, me tuve que esforzar de verdad, ya no para no soltarme si no para poder subir montado. Realmente no fue cuestión de apretar, simplemente de subir, montado, había que sacar lo que tenías, si no tocaba empujar. Esperamos a Dani un par de veces, que ahora sí estaba pagando sus excesos del principio y hasta arriba pasando por todos y cada uno de los molinos que seguían la línea de la cima del Pico.

Comienza puerto. Pico Dueña


Al fin coronamos y una preciosa vista de los llanos de Castilla se nos quedaban a los pies, esos llanos que teníamos que atravesar. Una bajada bastante técnica con mucha piedra suelta y salimos a carretera para un rapidisísimo descenso hasta un puente sobre un río donde -¿Volvemos a subir? No puede ser-. Vamos por una carretera estrecha, rugosa, aparentemente que no lleva a lado alguno, pero con más coches de lo que pudiéramos pensar. Vamos comentando eso, lo duro de la subida al Pico, dónde estará Salamanca. Que llevamos cerca de 30km desde Fuenterroble y no se ve. Varios toboganes eternos, a ritmo cansino hasta llegar al cruce de San Pedro de Rozados, Salamanca a 23km. ¡Que graciosa es la gente! Nosotros contando que quedarían 10 como mucho y son 23. Son casi las 3 de la tarde, nos queda más de una hora hasta Salamanca, vaya etapa dura.

Salamanca a nuestros pies.


Salimos a la carretera de Salamanca y muy al fondo vemos a dos bicigrinos. Para animar, les digo que lo mismo nos quitan el albergue si llegan antes que nosotros. ¡Para que quieres más! Si desde Valdelacasa o Fuenterroble venían cansados, el Pico Dueña los había dejado sin ganas, sin ¿fuerzas? Parece que de pronto las encontraron todas de golpe. Allí que se pusieron a tirar a relevos, en progresivo, de menos a más, a 30-35-40, a 40-45, 40-45, 40-45km/h. Vaya ritmo, con ligero viento de costado favorable. Comenzaba una larga persecución. Ya no había cansancio, sólo las figuras al fondo. Los otros dos también nos habían visto e iban atizándole de verdad, pese a ir rápido nos costaba recortar. Al principio nos sacaban 3-4 minutos, pero después del primer recorte, aguantaban el tipo bastante bien. Con Salamanca cada vez más cerca, nos lo estábamos pasando como los indios, nos mirábamos y nos reíamos de ver la marcha que llevábamos.

Hasta el último molino.


A falta de 10km para Salamanca todavía nos sacaban un poco menos de 1 minuto, pero uno de los otros dos perdía rueda cuando tiraba el compañero, señal que ya iba justo. 2 kilómetros más adelante llegábamos a ellos y nos parábamos a hablar. Eran dos vascos, venían haciendo la etapa desde Baños de Montemayor, un poco menos que nosotros. Les dijimos que se metieran a rueda, se metieron y uno ellos entraba al relevo, pero el compañero venía un poco justo y se quedaba, finalmente nosotros seguimos hacia adelante y entrábamos en Salamanca poco después de las 15.30, 23kilómetros en tiempo record. Ya sólo nos quedaba buscar el albergue y pasar la tarde en una bella ciudad para visitar.

Entrando en Salamanca.

No sin antes tener que dar un par de vueltas para encontrar el albergue, es curioso, con lo bien situado que está, lo bonito que es el sitio... A la gente de por allí ni le sonaba que estuviera, estuvimos preguntando y nos tuvieron que indicar por el parque, porque ni idea que estuviera el albergue allí. Bordeamos el muro sobre el que se encuentra el parque de Calisto y Melibea y rampón final hasta el merecido descanso.

Salud.


Segunda etapa: 109'65km. 5h42m de pedaleo. Albergue "La Calera", junto al parque de "Calisto y Melibea", detrás de la Catedral de Salamanca, qué mejor sitio para descansar.